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lunes, 29 de octubre de 2018

REMITETE AL CREADOR







Toda la creación no debería remitir al creador, pues no tiene merito por si misma, el mérito es del autor. Así como valoramos al autor de las obras humanas, de libros, cuadros, esculturas o catedrales. Dios es el autor de todo, como nos dice en su palabra:

Sabiduría 13

"La incapacidad natural del hombre se revela en su ignorancia de Dios. Todo lo que admiran por su valor no los llevó a conocer al Que es. ¡Se quedaron con las obras y no reconocieron al Artesano! Consideraron como dioses que gobiernan el mundo tanto al fuego como al viento, a la brisa, el firmamento estrellado, el agua impetuosa o las luminarias del cielo. Fascinados por tanta belleza, los consideraron como dioses, pero entonces, ¿no debieron haber sabido que su soberano es todavía más grande? Porque sólo son criaturas del que hace que aparezca toda esa belleza. Si estaban impresionados por su fuerza y su actividad, debieron haber comprendido que su Creador es más poderoso aún." "Porque la grandeza y la belleza de las criaturas dan alguna idea del Que les dio el ser. … Pero ni aun así están libres de culpa: si fueron capaces de escudriñar el universo, ¿cómo no descubrieron en primer lugar al que es su Dueño?"

Romanos 1

"Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables; porque, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció: jactándose de sabios se volvieron estúpidos, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una representación en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos, de reptiles.

Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos; a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén." 




Pero si la belleza de la creación tiene ese poder que debería elevar cada vez que la vemos nuestra fe, admiración y amor al Creador, mucho más deberíamos admirarle y amarle por la belleza que refleja en la creatura humana, culmen prodigioso de toda la creación. Incluso es en el ser humano donde Dios quiso dejarnos su imagen y semejanza, su obra admirable, por las cualidades espirituales, racionales, de inteligencia, creatividad… por los dones y talentos con que Dios ha dotado a cada uno.

Tanto es así, que toda obra admirable de los hombres, o éxitos de los hombres deberían remitirnos también al creador, pues el merito de la inteligencia y capacidad humana es para Dios. Así lo pide la revelación divina: A El sea todo honor y toda gloria por los siglos.

Los seres humanos, desde nuestra mirada corta y estrecha, vemos distorsionado y nos apropiamos fácilmente de lo que recibimos por la abundante e infinita capacidad y bondad de Dios, que da a todos a manos llenas. Podríamos creer que es merito propio y atribuirnos los éxitos y logros como cosa nuestra.

1 Corintios 4,6s. para que ninguno de vosotros se vuelva arrogante a favor del uno contra el otro. Porque ¿quién te distingue? ¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?

Es lo que San Ignacio de Loyola llamo extorsión de propiedad. No podemos apropiarnos de lo que es un don gratuito de Dios, del que solo somos administradores para ponerlo al servicio de los demás, pues para eso lo hemos recibido, para dar gloria a Dios dando mucho fruto, desde lo que cada uno es (Juan 15,8).


Por ello cuando me gusta un cuadro o una catedral debería remitirme a la causa primera, a Dios creador de todo, el que dotó a los hombres para elevarse en cuerpo y alma, haciéndose participes y co-creadores de tanta belleza, con las capacidades y dones otorgados por el Amoroso creador.

Cuando escucho una conferencia llena de sabiduría que me eleva el alma y el corazón, debería ensalzar a la magnanimidad de nuestro Dios que ha dado al hombre su capacidad de conocer y exponer sabiduría, y me ha dado la capacidad de entenderla y acogerla.

Los aplausos que parecería dirigimos al conferenciante, deberían ir dirigidos a Dios, dador de los dones que hacen posible todo. Si sacamos a Dios de la ecuación, quedamos en una mirada corta, intramundana, donde nos endiosamos a nosotros mismos, donde nos creemos capaces de eso y de más, como si pudiéramos algo sin Dios, como si fuéramos dueños y autores de nuestra propia vida. Quedamos miopes o ciegos respecto a Dios y a todas las verdades reveladas por El.

Por ello siempre que aplauda, será solo una partecita para el instrumento de Dios que puso los dos panes y el pescado, pero la mayor parte del aplauso ira al que hizo la multiplicación para que con esa pobre humanidad, con esa pobre aportación humana, hayan sido nutridas multitudes. Me dirigiré y alabare y ensalzare al autor de la vida que hace posible nuestra interacción, nuestro dar y recibir, nuestro poder hablar y escuchar, entender y aceptar.


Y cuando sea aplaudido, reconoceré que la mayor parte de ese aplauso es para glorificar a Dios, que es el que hace posible ese regocijo común, ante la belleza creada por El, ante lo que solo con sus dones y bondad es posible disfrutar. Solo así estamos en la verdad, y solo en la verdad tenemos verdadera comunión con El, que nos va liberando de la cortedad de miras y de los engaños del maligno.