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jueves, 21 de mayo de 2009

BIBLIA

ERRORES DE INTERPRETACIÓN BÍBLICA

Es un tema en el que considero importante profundizar más y más, pues lamentablemente es un error bastante frecuente entre los cristianos en general, tanto en no católicos como también entre católicos. Esto se debe tal vez a la poca formación recibida sobre la interpretación correcta de la Biblia, pues incluso hasta hace poco era totalmente desconocida e incluso no se recomendaba su lectura, tal vez justamente para evitar los errores de interpretación que se pueden cometer si no se tiene una adecuada formación al respecto. Al comenzar a aconsejarse la lectura bíblica después del Concilio Vaticano II, naturalmente han cundido las malas interpretaciones y fundamentalismos, como había sucedido desde antes en grupos de hermanos separados, que recomendaban a todos esta lectura anteriormente.


Se trata, pues, de un gran reto a superar y considero que de suma importancia, pues como decía San Jerónimo, desconocer la Escritura es desconocer a Cristo. Algo aún demasiado frecuente entre los católicos, el desconocimiento del Dios revelado en Cristo, pues sigue teniendo más fuerza una visión de Dios sin la luz plena de la Escritura que da sentido a la cruz, enfermedad y muerte, mientras muchos católicos siguen apegados a buscar el propio interés humano, incluso renegando de Dios ante la cruz de cada día, de la que quieren librarse a toda costa, lo que prueba el desconocimiento de la Revelación en Cristo. Esto sucede tanto por el desconocimiento de la Escritura, como por la mala interpretación literalista que se hace de ella. Justamente es el problema que se quiere atajar con el reciente Sínodo sobre la Palabra de Dios, del que surge el documento que quiere ayudarnos a entender mejor la Escritura para evitar las frecuentes malas interpretaciones.
Urge una lectura bíblica libre de fundamentalismo, esto es que no se interprete sin criterio, de modo simplista, literalmente, pues todo tiene un contexto y una razón, por lo que no se puede trasponer al pie de la letra lo que se dijo hace siglos a una persona concreta, al hoy y a todos, como suele interpretarse erróneamente con frecuencia. La Biblia no es un libro caído del cielo con verdades universales. Tiene origen humano y contextual, en una época y lugar, con criterios de la cultura en la que surge, llena de errores y aciertos, como todas. La verdad divina hay que entresacarla del espíritu global de la misma; se puede decir que está entre las líneas, más allá de lo expresado literalmente que siempre es contextual, y por tanto no tiene validez para toda persona de cualquier época. Saber qué lección nos da cada texto bíblico requiere captar el espíritu que hay detrás de la letra, y no pretender nunca que nos hable a nosotros literalmente un texto.


El mismo San Pablo que dice “…no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (cf. Ga 2, 20) también dirá en otra ocasión: “Realmente mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco,... ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí” (cf. Rm 7, 15-20). Es decir lo que expresó San Pablo en un momento no le pareció válido en otro, pues otras experiencias le hicieron expresar todo lo contrario. Es muy normal; todos pasamos momentos distintos en la vida; pero esto puede indicarnos una lección importante sobre la lectura bíblica: nunca hemos de leer de modo fundamentalista, absolutizando una frase sacada de contexto, pues tiene que ver con un momento determinado, como también vemos en las diversas decisiones que tomó Pablo en el trascurso de su vida.


Por ello, podríamos decir que lo que se expresa es muchas veces motivado por experiencias puntuales y tal vez adecuado para unos momentos y personas, y no para otros. Como sucede más claramente aun cuando abrimos el libro de los salmos; cada uno refleja una situación distinta del salmista; los salmos pueden expresar realidades que no tienen nada que ver con nuestra vida. Puedo estar feliz y entusiasmado y leer un salmo que expresa la súplica deprimida de un moribundo, o la súplica para vencer a los enemigos en la batalla. Se puede orar en estos casos por los que se encuentran en esta situación, con los que formamos un solo cuerpo, y siendo como la boca que pide por ellos.


De nada me serviría leerlo sin la visión global y el espíritu que recibimos del conocimiento de Dios a través de toda la Biblia. No podemos entonces tomar parcialmente textos, como se suele hacer para fundamentar lo que se quiere. Como un fundador que para justificar que los miembros de su comunidad debían trabajar para sostenerse incluyó en los estatutos la frase de Pablo: “Trabajé con el sudor de mi frente para ganarme el pan, para no serle gravoso a nadie”. Pero llegó un día que quiso que dejasen de trabajar para el sustento, pues prefirió una dedicación exclusiva a la predicación y pidió a todos tachar aquella cita y cambiarla por otras citas de confianza en la providencia.


¿Será que solamente si expresa el apóstol Pablo que puede vivir del Evangelio, podemos nosotros, y si él no lo expresara no podríamos? No necesitamos una frase bíblica para fundamentar cada paso que damos. Basta conocer el Espíritu del Evangelio para poder discernir si algo de lo que hacemos está de acuerdo a su voluntad o es contrario. Hay muchas cuestiones hoy de las que no dice la Biblia ni una palabra, pues ni existían entonces. No podemos anexar una frase bíblica sobre los preservativos ni sobre las tecnologías modernas.


Pablo vivió guiado por el Espíritu como hemos de hacer nosotros hoy. Unas veces hablaba de manera más exigente y otras más suavemente, según consideraba oportuno en cada momento para sus destinatarios, como también hizo Jesús. A veces persuade con bondad y mansedumbre y otras prefirió hablarles más duro y radical para ver si así abrían los ojos. El racionalismo excesivo, que quiere encasillar todo, podría hacernos caer en el error de pensar que una forma es la correcta y la otra es pecado, que de un modo está bien y del otro mal.


Estos encasillamientos no se pueden hacer ya que la realidad es más compleja que eso, por lo que la voluntad de Dios, como la humana, no es rígida e inflexible, ni siempre la misma para todos. Cada persona, según su capacidad y respuesta tendrá una llamada de Dios, y también puede variar en cada etapa o momento de la vida. Habrá casos en que se requiera hablar de un modo y otras veces será más conveniente de otra forma, según requiera cada uno. No a todos se les puede pedir lo mismo, ni se les puede hablar igual, ni todos tienen las mismas capacidades. Así vemos a Dios adaptarse a los hombres de cada época en el trascurso de los siglos de la revelación.


El mismo San Pablo quiso trabajar un tiempo para sostenerse y en otra etapa consideró mejor dejar todo trabajo para dedicarse por entero a la predicación, como también sucedió con los doce (cf. Hch 6,2-4). En un momento quiso predicar a los judíos en las sinagogas, y en otro se hartó de su dureza y quiso dedicarse a los paganos; en un tiempo iba a misionar con uno, en otro solo o con otros. Esto para decir que no hemos de ser tan simplistas y tomar textos al pie de la letra, pues lo que es oportuno en un momento puede no serlo en otro.

Sin embargo aún hoy considero que hay mucho fundamentalismo, dentro de nuestra Iglesia, queriendo etiquetar todo, juzgando -como sólo Dios puede hacerlo- lo bueno y lo malo, a veces sacando frases bíblicas de contexto, para fundamentar lo que se quiere. Como vemos también en cantidad de sectas de hoy, diciendo cosas tan distintas y todas supuestamente basadas en la misma Biblia, a la que se hace decir lo que se quiere, por ese atrevimiento para interpretar de modo tan superficial como temerario, sin la luz del Espíritu y de la globalidad del mensaje cristiano, y sin la luz de la Tradición de la Iglesia que es básica para poder entender la Palabra.
Ya mencioné por ejemplo que hoy comemos carne de animales estrangulados, prohibida por los apóstoles en el primer concilio de Jerusalén y que poco después se dieron cuenta de que tampoco esto era necesario. Necesitamos la Tradición para no caer en lecturas inadecuadas o literalismos que en vez de acercarnos a la voluntad de Dios nos alejan, por quedar anclados en lo que se dijo en periodos concretos y anteriores o para situaciones determinadas.


Hay que entender, pues, con amplitud de miras, con criterio para distinguir lo contextual y propio de la mentalidad particular de la época, y así extraer el mensaje de Dios de lo que se subraya y enfatiza constantemente. Comprendamos que los apóstoles dialogaban con Dios para discernir su voluntad en cada momento, para cada situación a enfrentar. Del mismo modo habremos de hacer nosotros, sin cometer el error de tomar la Biblia como recetario y pretender trasponer lo que allí se dijo o se hizo al hoy que es totalmente distinto.

¿Crees que has hecho alguna vez una lectura literalista de la Biblia, es decir, quedándote más en la letra que en el espíritu? ¿Cómo se puede evitar este error?

Hay miles de cuestiones de la vida cotidiana de las que no nos habla la Biblia, pues muchas cosas y situaciones de hoy, no existían entonces (anticonceptivos, vehículos, teléfonos…) ¿Cómo discernir la voluntad de Dios hoy para tantas decisiones que hemos de tomar a diario y de las que la Biblia no nos habla directamente? ¿Cómo saber lo que quiere Dios?

sábado, 2 de mayo de 2009

PROBLEMAS CON SABIDURÍA

COLGANDO LOS PROBLEMAS

Había contratado a un carpintero, para ayudarme a reparar una vieja granja; el primer día de trabajo fue muy pesado y difícil, pues todo le salió mal: Su cortadora eléctrica se dañó, lo hizo perder una hora de trabajo, y para colmo, su viejo camión no quiso arrancar.

Decidí llevarlo en mi coche a su casa, y mientras lo llevaba, se sentó en silencio, triste y enojado. Cuando llegamos, me invitó a conocer su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando la punta de las ramas con ambas manos.

Cuando su esposa abrió una puerta, ocurrió una transformación sorprendente. Su bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Me presentó con alegría a toda su familia y después me acompañó hasta el coche.

Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo que había hecho un rato antes. - "Oh, ese es mi árbol de problemas", contestó. "Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego mañana los recojo otra vez".

"Lo bueno es", dijo sonriendo, "que cuando salgo en la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior".

LA OBRA NOS HABLA DEL AUTOR-CREADOR

jueves, 16 de abril de 2009

RELIGIOSIDAD ERRÓNEA III

Religión servilista. Así vivida por personas que ante la absolutización de un Dios juez y guía, viven su religión como una sumisión irresponsable que les anula y les priva de su propia capacidad de decidir y de realizarse como personas felices. Viven su fe como sumisión, debilidad y temor. Les vuelve miedosos, cobardes y sin confianza en la razón. Más como esclavitud que como libertad, más de siervo que de amigo.

Religiosidad ignorante, del que no conoce a Dios ni lo quiere conocer, prefiere quedarse con su prejuicio natural de un Dios que todo lo puede y que nos hace favores, para pedirle todo lo que se quiere. No quiere saber más de Dios, ni de lo que pide o dice ni de cómo se revela ni de cuál es su plan de salvación,... Le da igual cómo es o si se reveló o no; no le interesa saber nada, sólo quiere ser escuchado por Él en sus pedidos. Es una religión no liberadora ni sanadora, no plenifica ni da el fruto que daría una verdadera fe. Es equiparable a cualquier superstición pagana, en la busca egocéntrica de la buena suerte y fortuna, que es lo único que busca; se quiere servir de “dios” sólo para el propio beneficio, lo que acaba siendo un perjuicio.

Dios de bolsillo. Hacen a Dios a su medida personal, en vez de esforzarse por amoldarse a lo que Dios pide. Quieren un Dios que se identifique en todo con su propia mentalidad, en vez de esforzarse por acoger la de Dios. Así no pueden ni quieren cambiar, ni dejan a Dios ser Dios en sus vidas, pues se endiosaron a sí mismos, sin dejar que Dios les guíe.

Un Dios genio de la lámpara, de quien solamente quiere a Dios para tener buena suerte. Es muy común en tantas personas que ponen imágenes religiosas en vehículos o negocios, para que les vaya bien y nada más. No practican religión alguna. Por lo que esas imágenes son tratadas como simples amuletos para la buena suerte por estas personas supersticiosas. Y como es lógico, tienen mucho de las dos características anteriores: hacen con Dios lo que quieren, y son ignorantes de Él, sin interés por conocerlo.

Un Dios reducido a unas doctrinas, de las que se apropiaron unos “profesionales de la religión”, más afanados por enseñar esas doctrinas, de las que se hicieron expertos, que por vivirlas, como lamentaba Jesús de los mismos fariseos. Cuántos al frente de grupos religiosos son teóricos profesionales, que viven de la religión más que preocuparse por vivirla, creyendo que tienen a Dios en ese manojo de conceptos de catecismo, sin conciencia de que Dios excede con mucho a todo conocimiento y de que no podemos reducirlo a esos conceptos, ni mucho menos pretendernos dueños de la verdad, pues sólo podemos verla parcial y subjetivamente.

Religiosidad literalista, de los integristas o fundamentalistas que se quedan en la ley, más que en la gracia, en la letra que mata, más que en el espíritu que da Vida. Toman la biblia o las doctrinas eclesiales al pie de la letra, sin criterio alguno de discernimiento. Llegan así a hacer interpretaciones inadecuadas, pues sacan textos sueltos del contexto, sin importarles si es AT o NT, sin criterios de interpretación ni apertura a posturas distintas. Se hacen rigoristas.

Dios bombero. Así podemos llamar al dios de los que sólo se acuerdan de Él cuando están en apuros o con alguna necesidad. Sólo entonces piensan que Dios existe y recurren a Él. Cuando no hay problemas graves viven con total indiferencia a Dios, con autosuficiencia y totalmente al margen de Él.

Es claro que son características que podemos encontrar muchas de ellas en una sola persona o grupo, pues algunas están correlacionadas o son aspectos muy similares, pues unos pueden estar implicados en otros. Pero una buena formación cristiana, a la luz de la Palabra de Dios y de la razón e inteligencia humana, puede librarnos de estos errores que tanto daño hicieron a la gente por siglos y tanto daño hacen aún hoy a personas de la Iglesia, siendo también un estorbo para la buena propagación del Evangelio y de la vida nueva en Cristo.
Hay muchas alusiones aquí hechas a prácticas religiosas legítimas desde una fe bien entendida como hacer ayuno, peticiones a Dios, etc., pero eso mismo que puede hacerse correctamente y con auténtico sentido cristiano, puede también hacerse de modo erróneo y separarme más del plan de Dios en lugar de acercarme a Él.


¿Hay alguna de estas características con la que te has sentido un poco reflejado?
¿Has conocido a alguien que cometa algunos de estos errores? Piensa ejemplos. ¿Cuáles te parecen los errores más peligrosos o más comunes a evitar?
¿Qué consecuencias pueden tener estas ideas distorsionadas de Dios?
¿Qué te parece fundamental para vivir nuestra fe de modo adecuado?

lunes, 23 de marzo de 2009

Religiosidad errónea II

Religión, refugio de seguridad. Ve el mundo como malo, busca oasis, seguridad y refugio en la religión ante experiencias de frustración y fracaso en el mundo. Ve la religión como tabla de salvación haciéndose escrupuloso cumplidor de normas, no busca a Dios para una relación personal auténtica, ni por auténtico conocimiento de Dios y amor a Él, sino por decepción del mundo, al que sataniza y ve de mal en peor y del que prefiere huir.

Dios instrumento, o medio para la propia satisfacción y bienestar. En realidad sigue en la inmadurez y egocentrismo desde el que sólo le interesa su comodidad y satisfacción, para la cual Dios es un instrumento, tomando de Él solamente en la medida que le causa beneficio propio, y desechando lo que le exige renuncia y compromiso (autoengaño).

Credulidad absurda, ingenua, superficial, insustentable y ciega es la que muchos tienen al creer en cualquier devoción sin fundamento alguno; es una religiosidad acrítica, que deja entrar la mentira y el engaño con gran facilidad. Dan cabida en su fe a todas las corazonadas que quieren inventar o les parecen bonitas (con énfasis en lo emocional) sin rigor de conocimiento y sustentación. Aferrados a prejuicios e ideas irracionales y preconcebidas. Siempre abiertos a toda clase de creencias y manifestaciones “divinas” con total ingenuidad, siendo así una credulidad temeraria.

Fundamentalismo. Es otro modo de vivencia “patológica” de la religión por su postura rígida, inflexible, intolerante, que no da lugar al diálogo con ideas diferentes, pues se cree en posesión de la única verdad, por lo que los demás están mal. Exige e impone autoritariamente sus dogmas para que sean respetados por todos, entiendan o no, quieran o no, con obediencia ciega. Se postula como único camino de salvación.

Religiosidad sentimental, en la que la fe se reduce a un sentimiento y se vive solamente en busca de sentimientos bonitos, sin darle importancia a la vivencia de la Palabra de Dios, ni al conocimiento doctrinal, ni al compromiso, etc. Todo lo que se busca es sentir agradablemente, con luces, músicas, grupitos, lecturas, oraciones y temas bonitos, haciéndose dependientes de esta especie de “cuento de hadas” para sentirse bien y alejados de la realidad. Así se les hace fácil el cambio a iglesias sectarias si les gustan más, sin criterio alguno, sin importar doctrinas o veracidad.

Fanatismo religioso, es el que presentan las personas que no pueden hablar de otra cosa que no sea la religión, que viven obsesionadas con ese tema y condenan todo lo demás como malo. Quieren imponer su mentalidad a todos y a toda costa, a tiempo y a destiempo, de manera importuna; acaban por hacerla odiosa para todos los que los oyen y ganan más enemigos que amigos de esa “religión” que tratan de inculcar de modo impositivo y dictatorial.

Religión satanizadora (condenatoria) es la que vive mucha gente de religiosidad estricta que sataniza todo lo del mundo; más papistas que el Papa, son los que decía Jesús que ni entran ni dejan entrar, porque imponen cargas pesadas que ni ellos llevan. Así se la pasan condenando todo lo que hay: terapias alternativas, prácticas, bailes,... presentando una religión desagradable y difícil, presentando así el camino de Jesús más pesado que feliz y plenificante.

Angelismo. El hombre que busca un espiritualismo desencarnado, que opone y enfrenta a todo lo corpóreo y material como algo malo y enemigo de su realización espiritual anhelada. Su idea errónea del deber encubre o anula su ser lo que trae graves consecuencias a sus relaciones humanas. Tiene una idea caricaturizada de Dios.

Religión a la carta del que toma los elementos que le gustan de una religión y desecha los que no le gustan, normalmente desde la ignorancia casi total de la misma. Quiere unos elementos y no otros, perdiéndose de vivir los frutos de esa fe integral.

Religión sincrética donde podrían incluirse abundantes grupos y personas que mezclan aspectos religiosos de toda índole; pueden combinar elementos del catolicismo con otros del hinduismo, budismo o incluso con otras filosofías, santerías, creencias, esoterismo, etc., creando una mezcla que se convierte en una pseudo religión idolátrica y neopagana.