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lunes, 10 de agosto de 2009

RESPUESTAS A PROTES-5

TOMA EN CUENTA PARA NO MALINTERPRETAR LA BIBLIA

Para la correcta interpretación hay que tomar en cuenta aspectos fundamentales como el momento en el que surge el texto, intención del autor para saber qué quiso decir, distinguir lo que es del judaísmo de lo que es cristianismo, renovado y llevado a plenitud por Cristo. Hay cantidad de prácticas que pidió Dios a los judíos en cada época que ya no nos pide ni practicamos hoy, la circuncisión o el descanso sabático, son sólo unos ejemplos entre muchas otras.

Se requiere distinguir géneros literarios, para distinguir si es historia o composición literaria, tipo parábola o metáfora, con qué intención y mensaje, etc. para no malinterpretar. El relato de la creación, por ejemplo, nunca debió ser visto literalmente (pues nadie sabe cómo se dio, pero no pretende contradecir ninguna teoría creacionista, ya que están en planos muy distintos: ni estas teorías pueden excluir la mano de Dios en todo, pues la necesitan; ni la biblia hace ciencia ni historia, sino teología y fe) pues no pretenden decirnos como fue literalmente la creación, sino transmitir otros mensajes al modo en que solían hacerlo, siempre con metáforas o composiciones gráficas de ese tipo: trasmite ahí por ejemplo que el mal no viene de Dios sino del diablo y del pecado que libre y erróneamente comete el hombre desobedeciendo a Dios, la importancia del descanso sabático, como dios descansó el séptimo día, etc.
Esto, entre muchos otros aspectos que podemos leer en diversos libros sobre la interpretación bíblica para evitar las comunes malas y erróneas interpretaciones de las diversas sectas.

LAS IGLESIAS SEPARADAS

Jesucristo funda su Iglesia sobre Pedro y le da el poder de atar y desatar. Este poder es la Gracia. La Iglesia es depositaria de la gracia. Con la Gracia es mucho más sencillo el camino al Cielo, porque contamos con la ayuda y la presencia de Dios. Cristo rogó al Padre al final de su vida por la unidad de todos los que creyeran en Él. Fue como su anhelo más profundo que expresa como testamento. De ahí que la iglesia de Cristo sigue anhelando y buscando esa comunión de todos en la única comunidad fundada por Cristo; el ecumenismo actúa para esa comunión.

Para salvaguardar esa unidad Cristo nombró cabeza a Pedro, pues sabe que no hay grupo humano que pueda conservar la unidad sin una cabeza, como se demuestra incluso en la proliferación de sectas que surgen desde el protestantismo de Lutero, al negar el lugar del sucesor de Pedro y prescindir de una cabeza que custodie la unidad de la fe. Existen, pues, Iglesias que se han separado de la Iglesia fundada por Cristo.

LAS PRINCIPALES SON:

A) La Iglesia ortodoxa, fue la primera en separarse de la Iglesia católica romana, en 1054. Se entiende por Iglesia ortodoxa, aunque se subdividió en varias independientes.
B) En el siglo 16, surgen las iglesias protestantes: luteranas, anglicanas, y presbiterianas.

b.1. Martín Lutero, fraile sacerdote agustino, se separó de la Iglesia Católica porque no estaba de acuerdo con las Indulgencias concedidas por el Papa León X, a quien lo ayudara con la construcción de la Basílica en Roma. Lutero difundió una serie de publicaciones atacando a la autoridad eclesiástica.

• Declaró que cada persona debe arreglar "cuentas" directamente con Dios y abolió la confesión particular (es decir, la que debe hacer todo católico a un sacerdote).
• La única norma de fe es la Biblia y cada persona puede interpretarla a su manera.
• La única cabeza de la Iglesia es Cristo, no es verdad que Pedro fue la cabeza visible ni sus sucesores.
• Sólo nos salvamos por la fe, las obras buenas no sirven.
• Los Sacramentos no son medios de salvación.
• Por el pecado original, la naturaleza humana es completamente depravada, incapaz de hacer el bien, nos salvamos si Dios así lo quiere; nos condenamos, si así lo quiere Dios. A esto se le llama predestinación. No cree en la libertad que Dios nos regaló.
• Su culto consiste sólo en la predicación y el canto en la Iglesia.

b.2. Los Calvinistas o Presbiterianos, fundados Juan Calvino (1509-1564), en Ginebra (Suiza). Creen casi lo mismo que los luteranos.b.3. La Iglesia Anglicana la fundó el rey Enrique VIII de Inglaterra, en el siglo 16.Este rey se separó de la Iglesia Católica porque el Papa Clemente VII no le dio la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, para casarse con Ana Bolena. El rey se autoproclamó jefe de la Iglesia de Inglaterra. Se divorció cinco veces y se casó seis, pero para no tener problemas, las mandaba a decapitar. No creen en la autoridad del Papa.

Con la Reforma Protestante, se rompió la unidad de la única Iglesia que fundó Jesucristo: la Iglesia católica. Y se inicio la multiplicación de un sinfín de sectas religiosas que siguen apareciendo y desapareciendo. Entre ellas, las más conocidas son los Testigos de Jehová, los Mormones, los Bautistas, el Ejército de Salvación y otras muchas.

Algunas de ellas, llegan incluso a negar la divinidad de Cristo y la Santísima Trinidad, así como también muchas de sus enseñanzas están muy lejos de lo que es el cristianismo de los seguidores de Jesús.La Iglesia de Cristo es la Iglesia católica, ella conserva la fe de los apóstoles, trasmitida de generación a generación verbalmente y por escrito. La Biblia trae sólo algunos escritos de los primeros discípulos. No contiene toda explicación detallada de lo que vivían como tenemos en tantos otros escritos de los primeros siglos. Cristo predicó la unidad entre todos y dijo, claramente, que quería que todo lo que sus apóstoles ataran en el Tierra, quedaría atado en el Cielo.

Quienes prefirieron fundar su propia iglesia, cambiando lo que no le gusta de la Iglesia católica rompieron esa comunión y fidelidad anhelada por Jesús, incumpliendo lo que nuestro líder, Jesucristo, nos predicó.

jueves, 21 de mayo de 2009

BIBLIA

ERRORES DE INTERPRETACIÓN BÍBLICA

Es un tema en el que considero importante profundizar más y más, pues lamentablemente es un error bastante frecuente entre los cristianos en general, tanto en no católicos como también entre católicos. Esto se debe tal vez a la poca formación recibida sobre la interpretación correcta de la Biblia, pues incluso hasta hace poco era totalmente desconocida e incluso no se recomendaba su lectura, tal vez justamente para evitar los errores de interpretación que se pueden cometer si no se tiene una adecuada formación al respecto. Al comenzar a aconsejarse la lectura bíblica después del Concilio Vaticano II, naturalmente han cundido las malas interpretaciones y fundamentalismos, como había sucedido desde antes en grupos de hermanos separados, que recomendaban a todos esta lectura anteriormente.


Se trata, pues, de un gran reto a superar y considero que de suma importancia, pues como decía San Jerónimo, desconocer la Escritura es desconocer a Cristo. Algo aún demasiado frecuente entre los católicos, el desconocimiento del Dios revelado en Cristo, pues sigue teniendo más fuerza una visión de Dios sin la luz plena de la Escritura que da sentido a la cruz, enfermedad y muerte, mientras muchos católicos siguen apegados a buscar el propio interés humano, incluso renegando de Dios ante la cruz de cada día, de la que quieren librarse a toda costa, lo que prueba el desconocimiento de la Revelación en Cristo. Esto sucede tanto por el desconocimiento de la Escritura, como por la mala interpretación literalista que se hace de ella. Justamente es el problema que se quiere atajar con el reciente Sínodo sobre la Palabra de Dios, del que surge el documento que quiere ayudarnos a entender mejor la Escritura para evitar las frecuentes malas interpretaciones.
Urge una lectura bíblica libre de fundamentalismo, esto es que no se interprete sin criterio, de modo simplista, literalmente, pues todo tiene un contexto y una razón, por lo que no se puede trasponer al pie de la letra lo que se dijo hace siglos a una persona concreta, al hoy y a todos, como suele interpretarse erróneamente con frecuencia. La Biblia no es un libro caído del cielo con verdades universales. Tiene origen humano y contextual, en una época y lugar, con criterios de la cultura en la que surge, llena de errores y aciertos, como todas. La verdad divina hay que entresacarla del espíritu global de la misma; se puede decir que está entre las líneas, más allá de lo expresado literalmente que siempre es contextual, y por tanto no tiene validez para toda persona de cualquier época. Saber qué lección nos da cada texto bíblico requiere captar el espíritu que hay detrás de la letra, y no pretender nunca que nos hable a nosotros literalmente un texto.


El mismo San Pablo que dice “…no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (cf. Ga 2, 20) también dirá en otra ocasión: “Realmente mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco,... ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí” (cf. Rm 7, 15-20). Es decir lo que expresó San Pablo en un momento no le pareció válido en otro, pues otras experiencias le hicieron expresar todo lo contrario. Es muy normal; todos pasamos momentos distintos en la vida; pero esto puede indicarnos una lección importante sobre la lectura bíblica: nunca hemos de leer de modo fundamentalista, absolutizando una frase sacada de contexto, pues tiene que ver con un momento determinado, como también vemos en las diversas decisiones que tomó Pablo en el trascurso de su vida.


Por ello, podríamos decir que lo que se expresa es muchas veces motivado por experiencias puntuales y tal vez adecuado para unos momentos y personas, y no para otros. Como sucede más claramente aun cuando abrimos el libro de los salmos; cada uno refleja una situación distinta del salmista; los salmos pueden expresar realidades que no tienen nada que ver con nuestra vida. Puedo estar feliz y entusiasmado y leer un salmo que expresa la súplica deprimida de un moribundo, o la súplica para vencer a los enemigos en la batalla. Se puede orar en estos casos por los que se encuentran en esta situación, con los que formamos un solo cuerpo, y siendo como la boca que pide por ellos.


De nada me serviría leerlo sin la visión global y el espíritu que recibimos del conocimiento de Dios a través de toda la Biblia. No podemos entonces tomar parcialmente textos, como se suele hacer para fundamentar lo que se quiere. Como un fundador que para justificar que los miembros de su comunidad debían trabajar para sostenerse incluyó en los estatutos la frase de Pablo: “Trabajé con el sudor de mi frente para ganarme el pan, para no serle gravoso a nadie”. Pero llegó un día que quiso que dejasen de trabajar para el sustento, pues prefirió una dedicación exclusiva a la predicación y pidió a todos tachar aquella cita y cambiarla por otras citas de confianza en la providencia.


¿Será que solamente si expresa el apóstol Pablo que puede vivir del Evangelio, podemos nosotros, y si él no lo expresara no podríamos? No necesitamos una frase bíblica para fundamentar cada paso que damos. Basta conocer el Espíritu del Evangelio para poder discernir si algo de lo que hacemos está de acuerdo a su voluntad o es contrario. Hay muchas cuestiones hoy de las que no dice la Biblia ni una palabra, pues ni existían entonces. No podemos anexar una frase bíblica sobre los preservativos ni sobre las tecnologías modernas.


Pablo vivió guiado por el Espíritu como hemos de hacer nosotros hoy. Unas veces hablaba de manera más exigente y otras más suavemente, según consideraba oportuno en cada momento para sus destinatarios, como también hizo Jesús. A veces persuade con bondad y mansedumbre y otras prefirió hablarles más duro y radical para ver si así abrían los ojos. El racionalismo excesivo, que quiere encasillar todo, podría hacernos caer en el error de pensar que una forma es la correcta y la otra es pecado, que de un modo está bien y del otro mal.


Estos encasillamientos no se pueden hacer ya que la realidad es más compleja que eso, por lo que la voluntad de Dios, como la humana, no es rígida e inflexible, ni siempre la misma para todos. Cada persona, según su capacidad y respuesta tendrá una llamada de Dios, y también puede variar en cada etapa o momento de la vida. Habrá casos en que se requiera hablar de un modo y otras veces será más conveniente de otra forma, según requiera cada uno. No a todos se les puede pedir lo mismo, ni se les puede hablar igual, ni todos tienen las mismas capacidades. Así vemos a Dios adaptarse a los hombres de cada época en el trascurso de los siglos de la revelación.


El mismo San Pablo quiso trabajar un tiempo para sostenerse y en otra etapa consideró mejor dejar todo trabajo para dedicarse por entero a la predicación, como también sucedió con los doce (cf. Hch 6,2-4). En un momento quiso predicar a los judíos en las sinagogas, y en otro se hartó de su dureza y quiso dedicarse a los paganos; en un tiempo iba a misionar con uno, en otro solo o con otros. Esto para decir que no hemos de ser tan simplistas y tomar textos al pie de la letra, pues lo que es oportuno en un momento puede no serlo en otro.

Sin embargo aún hoy considero que hay mucho fundamentalismo, dentro de nuestra Iglesia, queriendo etiquetar todo, juzgando -como sólo Dios puede hacerlo- lo bueno y lo malo, a veces sacando frases bíblicas de contexto, para fundamentar lo que se quiere. Como vemos también en cantidad de sectas de hoy, diciendo cosas tan distintas y todas supuestamente basadas en la misma Biblia, a la que se hace decir lo que se quiere, por ese atrevimiento para interpretar de modo tan superficial como temerario, sin la luz del Espíritu y de la globalidad del mensaje cristiano, y sin la luz de la Tradición de la Iglesia que es básica para poder entender la Palabra.
Ya mencioné por ejemplo que hoy comemos carne de animales estrangulados, prohibida por los apóstoles en el primer concilio de Jerusalén y que poco después se dieron cuenta de que tampoco esto era necesario. Necesitamos la Tradición para no caer en lecturas inadecuadas o literalismos que en vez de acercarnos a la voluntad de Dios nos alejan, por quedar anclados en lo que se dijo en periodos concretos y anteriores o para situaciones determinadas.


Hay que entender, pues, con amplitud de miras, con criterio para distinguir lo contextual y propio de la mentalidad particular de la época, y así extraer el mensaje de Dios de lo que se subraya y enfatiza constantemente. Comprendamos que los apóstoles dialogaban con Dios para discernir su voluntad en cada momento, para cada situación a enfrentar. Del mismo modo habremos de hacer nosotros, sin cometer el error de tomar la Biblia como recetario y pretender trasponer lo que allí se dijo o se hizo al hoy que es totalmente distinto.

¿Crees que has hecho alguna vez una lectura literalista de la Biblia, es decir, quedándote más en la letra que en el espíritu? ¿Cómo se puede evitar este error?

Hay miles de cuestiones de la vida cotidiana de las que no nos habla la Biblia, pues muchas cosas y situaciones de hoy, no existían entonces (anticonceptivos, vehículos, teléfonos…) ¿Cómo discernir la voluntad de Dios hoy para tantas decisiones que hemos de tomar a diario y de las que la Biblia no nos habla directamente? ¿Cómo saber lo que quiere Dios?