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martes, 7 de julio de 2015

OJO COMÓ VIVES LA RELIGIOSIDAD



La religión puede vivirse de manera sana, integradora, plenificante, como fuente de realización y felicidad, capacitadora de amor y convivencia fraterna o puede vivirse de manera contraria, como castrante y aniquiladora de valores humanos y personales, de manera patológica, por así decirlo de modo impreciso, pues no se trata de una patología propiamente dicha. A continuación cito algunas formas de lo que consideraría una mala vivencia de la fe, una religiosidad enfermiza o equivocada.


En mucha gente encontramos que prevalece una de estas formas de vivir la religión, pero también podemos encontrar la combinación de varios de los errores que presento a continuación, ya que algunas son muy similares o están correlacionadas. Aunque algunos casos pueden requerir de psicoterapia, en su mayoría será más sencillo y bastaría con una buena formación cristiana que modifique las ideas distorsionadas de Dios que hay detrás de esos modos equivocados de vivir la fe.

  1. Religión opio del pueblo. Alienante. Cuando la religión aliena de la realidad en vez de impulsar a abrazarla y amarla, a comprometerse y entregarse. Una religión que aleja del compromiso y que se busca como evasión, sin madurez ni responsabilidad verdadera.
     
  2. Religiosidad mágica. Dios milagrero. Una religiosidad que busca soluciones mágicas y fáciles, que lleva a poner la esperanza en el golpe de suerte, equiparable a la falsa creencia de cualquier pagano en sus fetiches o supersticiones. En vez de comprometerse y buscar soluciones por cauces naturales y reales como nos pide Dios.
     
  3. La religiosidad infantil que lleva a esperar de Dios lo que Dios espera de nosotros, a pedir a Dios lo que Dios nos pide a nosotros: la justicia, la solidaridad, el amor y la misericordia, la concordia, la tolerancia y la paz. La religiosidad que nos hace dependientes e inmaduros, en vez de astutos y capaces de comprometernos y luchar por lo que Dios nos pide luchar, con los medios e inteligencia que Él nos dio.
     
  4. Religiosidad tonta del que tiene a Dios como un bobo, frágil y delicado, a quien se ofende sin pretenderlo ni quererlo, por cualquier cosita, palabra o acto que se hizo voluntaria o involuntariamente, o por cualquier detalle insignificante.
     
  5. Religión cultual, tenida como un culto al Dios misterio, como ignorando al Dios revelado por Cristo, al que hay que agradar con ritos sacerdotales para que esté contento, como haciéndole un favor y servicio a Él, porque le gustan esas ceremonias solemnes con vestiduras e inciensos. Igualmente rezan a cada santo sus oraciones como para no dejarlos descontentos. Hace énfasis en prácticas y ritos, en detalles secundarios, descuidando los valores esenciales de la vida misma.
     
  6. Religión-castrante y represiva, del escrupuloso que cree que es siempre indigno, que siempre ofende a Dios, aun sin quererlo ni saberlo; para el que cualquier cosa es pecado y cree que a Dios se le agrada más con oraciones y sacrificios que con la vida evangélica, que le agrada más el sufrimiento humano que la felicidad, por lo que trata de sufrir ayunando, madrugando, con sacrificios, etc.
     
  7. Religión por temor a la condenación, al infierno o al castigo. Tiene una idea medieval de Dios, a quien hay que agradar para no ser castigados y así trata de rezar compulsivamente toda clase de rezos y novenas con religiosa disciplina diaria, para poder librarse del castigo, desoyendo o ignorando lo que Dios mostró como camino de salvación.
     
  8. Religiosidad puramente teórica, que queda a nivel de ideas y totalmente al margen de la vivencia cotidiana, por lo cual deja de ser liberadora y causante de felicidad, para ser un sombrero o un barniz superficial que no afecta la vida.
     
  9. Borreguismo, de quien vive la religión llevado por la masa, sin convicciones personales, como una veleta que le lleva el viento, según con quien se junta. Se deja llevar y manipular, no tiene identidad ni convicciones personales. Susceptible de pasar de un secta a otra, por diferentes que sean.
     
  10. Rigorista que enfatiza la letra de la ley, las prohibiciones, se hace juez acusador, exigente, negativo, cumplidor fanático, sin importarle la humanidad o inhumanidad de ese cumplimiento (como los fariseos criticados por Jesús) aferrado al cumplimiento legal, obsesivo o hasta compulsivo, queriendo manipular así a Dios y sentir que lo tiene con él. Énfasis en lo doctrinal, lo ortodoxo, la autoridad y autoritarismo, la obediencia ciega (escrupulosidad).
     
  11.  Religión, refugio de seguridad. Ve el mundo como malo, busca oasis, seguridad y refugio en la religión ante experiencias de frustración y fracaso en el mundo. Ve la religión como tabla de salvación haciéndose escrupuloso cumplidor de normas, no busca a Dios para una relación personal auténtica, ni por auténtico conocimiento de Dios y amor a Él, sino por decepción del mundo, al que sataniza y ve de mal en peor y del que prefiere huir.
     
  12. Dios instrumento, o medio para la propia satisfacción y bienestar. En realidad sigue en la inmadurez y egocentrismo desde el que sólo le interesa su comodidad y satisfacción, para la cual Dios es un instrumento, tomando de Él solamente en la medida que le causa beneficio propio, y desechando lo que le exige renuncia y compromiso (autoengaño).
     
  13. Credulidad absurda, ingenua, superficial, insustentable y ciega es la que muchos tienen al creer en cualquier devoción sin fundamento alguno; es una religiosidad acrítica, que deja entrar la mentira y el engaño con gran facilidad. Dan cabida en su fe a todas las corazonadas que quieren inventar o les parecen bonitas (con énfasis en lo emocional) sin rigor de conocimiento y sustentación. Aferrados a prejuicios e ideas irracionales y preconcebidas. Siempre abiertos a toda clase de creencias y manifestaciones “divinas” con total ingenuidad, siendo así una credulidad temeraria.
     
  14. Fundamentalismo. Es otro modo de vivencia “patológica” de la religión por su postura rígida, inflexible, intolerante, que no da lugar al diálogo con ideas diferentes, pues se cree en posesión de la única verdad, por lo que los demás están mal. Exige e impone autoritariamente sus dogmas para que sean respetados por todos, entiendan o no, quieran o no, con obediencia ciega. Se postula como único camino de salvación.
     
  15. Religiosidad sentimental, en la que la fe se reduce a un sentimiento y se vive solamente en busca de sentimientos bonitos, sin darle importancia a la vivencia de la Palabra de Dios, ni al conocimiento doctrinal, ni al compromiso, etc. Todo lo que se busca es sentir agradablemente, con luces, músicas, grupitos, lecturas, oraciones y temas bonitos, haciéndose dependientes de esta especie de “cuento de hadas” para sentirse bien y alejados de la realidad. Así se les hace fácil el cambio a iglesias sectarias si les gustan más, sin criterio alguno, sin importar doctrinas o veracidad.
     
  16. Fanatismo religioso, es el que presentan las personas que no pueden hablar de otra cosa que no sea la religión, que viven obsesionadas con ese tema y condenan todo lo demás como malo. Quieren imponer su mentalidad a todos y a toda costa, a tiempo y a destiempo, de manera importuna; acaban por hacerla odiosa para todos los que los oyen y ganan más enemigos que amigos de esa “religión” que tratan de inculcar de modo impositivo y dictatorial.
     
  17. Religión satanizadora (condenatoria) es la que vive mucha gente de religiosidad estricta que sataniza todo lo del mundo; más papistas que el Papa, son los que decía Jesús que ni entran ni dejan entrar, porque imponen cargas pesadas que ni ellos llevan. Así se la pasan condenando todo lo que hay: terapias alternativas, prácticas, bailes,... presentando una religión desagradable y difícil, presentando así el camino de Jesús más pesado que feliz y plenificante.
     
  18. Angelismo. El hombre que busca un espiritualismo desencarnado, que opone y enfrenta a todo lo corpóreo y material como algo malo y enemigo de su realización espiritual anhelada. Su idea errónea del deber encubre o anula su ser lo que trae graves consecuencias a sus relaciones humanas. Tiene una idea caricaturizada de Dios.
     
  19. Religión a la carta del que toma los elementos que le gustan de una religión y desecha los que no le gustan, normalmente desde la ignorancia casi total de la misma. Quiere unos elementos y no otros, perdiéndose de vivir los frutos de esa fe integral.
     
  20. Religión sincrética donde podrían incluirse abundantes grupos y personas que mezclan aspectos religiosos de toda índole; pueden combinar elementos del catolicismo con otros del hinduismo, budismo o incluso con otras filosofías, santerías, creencias, esoterismo, etc., creando una mezcla que se convierte en una pseudo religión idolátrica y neopagana.
     
  21. Religión servilista. Así vivida por personas que ante la absolutización de un Dios juez y guía, viven su religión como una sumisión irresponsable que les anula y les priva de su propia capacidad de decidir y de realizarse como personas felices. Viven su fe como sumisión, debilidad y temor. Les vuelve miedosos, cobardes y sin confianza en la razón. Más como esclavitud que como libertad, más de siervo que de amigo.
     
  22. Religiosidad ignorante, del que no conoce a Dios ni lo quiere conocer, prefiere quedarse con su prejuicio natural de un Dios que todo lo puede y que nos hace favores, para pedirle todo lo que se quiere. No quiere saber más de Dios, ni de lo que pide o dice ni de cómo se revela ni de cuál es su plan de salvación,... Le da igual cómo es o si se reveló o no; no le interesa saber nada, sólo quiere ser escuchado por Él en sus pedidos. Es una religión no liberadora ni sanadora, no plenifica ni da el fruto que daría una verdadera fe. Es equiparable a cualquier superstición pagana, en la busca egocéntrica de la buena suerte y fortuna, que es lo único que busca; se quiere servir de “dios” sólo para el propio beneficio, lo que acaba siendo un perjuicio.
     
  23. Dios de bolsillo. Hacen a Dios a su medida personal, en vez de esforzarse por amoldarse a lo que Dios pide. Quieren un Dios que se identifique en todo con su propia mentalidad, en vez de esforzarse por acoger la de Dios. Así no pueden ni quieren cambiar, ni dejan a Dios ser Dios en sus vidas, pues se endiosaron a sí mismos, sin dejar que Dios les guíe.
     
  24. Un Dios genio de la lámpara, de quien solamente quiere a Dios para tener buena suerte. Es muy común en tantas personas que ponen imágenes religiosas en vehículos o negocios, para que les vaya bien y nada más. No practican religión alguna. Por lo que esas imágenes son tratadas como simples amuletos para la buena suerte por estas personas supersticiosas. Y como es lógico, tienen mucho de las dos características anteriores: hacen con Dios lo que quieren, y son ignorantes de Él, sin interés por conocerlo.
     
  25. Un Dios reducido a unas doctrinas, de las que se apropiaron unos “profesionales de la religión”, más afanados por enseñar esas doctrinas, de las que se hicieron expertos, que por vivirlas, como lamentaba Jesús de los mismos fariseos. Cuántos al frente de grupos religiosos son teóricos profesionales, que viven de la religión más que preocuparse por vivirla, creyendo que tienen a Dios en ese manojo de conceptos de catecismo, sin conciencia de que Dios excede con mucho a todo conocimiento y de que no podemos reducirlo a esos conceptos, ni mucho menos pretendernos dueños de la verdad, pues sólo podemos verla parcial y subjetivamente.
     
  26. Religiosidad literalista, de los integristas o fundamentalistas que se quedan en la ley, más que en la gracia, en la letra que mata, más que en el espíritu que da Vida. Toman la biblia o las doctrinas eclesiales al pie de la letra, sin criterio alguno de discernimiento. Llegan así a hacer interpretaciones inadecuadas, pues sacan textos sueltos del contexto, sin importarles si es AT o NT, sin criterios de interpretación ni apertura a posturas distintas. Se hacen rigoristas.

 

  1.  Dios bombero. Así podemos llamar al dios de los que sólo se acuerdan de Él cuando están en apuros o con alguna necesidad. Sólo entonces piensan que Dios existe y recurren a Él. Cuando no hay problemas graves viven con total indiferencia a Dios, con autosuficiencia y totalmente al margen de Él.
     
    Es claro que son características que podemos encontrar muchas de ellas en una sola persona o grupo, pues algunas están correlacionadas o son aspectos muy similares, pues unos pueden estar implicados en otros. Pero una buena formación cristiana, a la luz de la Palabra de Dios y de la razón e inteligencia humana, puede librarnos de estos errores que tanto daño hicieron a la gente por siglos y tanto daño hacen aún hoy a personas de la Iglesia, siendo también un estorbo para la buena propagación del Evangelio y de la vida nueva en Cristo.
    Hay muchas alusiones aquí hechas a prácticas religiosas legítimas desde una fe bien entendida como hacer ayuno, peticiones a Dios, etc., pero eso mismo que puede hacerse correctamente y con auténtico sentido cristiano, puede también hacerse de modo erróneo y separarme más del plan de Dios en lugar de acercarme a Él.
    ¿Hay alguna de estas características con la que te has sentido un poco reflejado?
    ¿Has conocido a alguien que cometa algunos de estos errores? Piensa ejemplos. ¿Cuáles te parecen los errores más peligrosos o más comunes a evitar?
    ¿Qué consecuencias pueden tener estas ideas distorsionadas de Dios?
    ¿Qué te parece fundamental para vivir nuestra fe de modo adecuado?
     

martes, 2 de junio de 2015

ENLACES GENIALES



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HOMBRE MANIPULADO




Es la triste realidad del hombre actual –consciente de que no se puede generalizar, pues siempre hay de todo, pero quiero que reflexionemos sobre este asunto conocido por todos- el dejarnos llevar por la corriente (“borreguismo”) aun a sabiendas de que no nos lleva a ningún lado, de que va guiada tan sólo por intereses económicos de los que nos quieren vender lo bueno como lo malo, únicamente interesados en ganar más y más, pues la mercadotecnia quiere vender lo que sea a como dé lugar. Vender exige crear necesidades, a veces inexistentes: para vender cremas de belleza han de crear el complejo de fealdad, presentando prototipos de belleza ideal inalcanzables para la mayoría; para vender adelgazantes crean primero el complejo de obesos, con el prototipo de una belleza delgada, etc. Incluso prototipos de belleza contrario a lo natural: cejas delgadas y pestañas grandes, boca pequeña y labios grandes, etc., creando complejos que hacen que la gente insatisfecha busque productos y cirugías.

También la manipulación es cultural: la exaltación de lo animal en el humano, de lo instintivo y de los sentidos, convirtiendo en tabú el tema de valores humanos y religiosos. Estamos en un fuerte cambio de paradigmas. Nueva “religión” o pseudo-religiones, nuevos tabúes, nuevos principios e ideas que, con frecuencia, más que liberar esclavizan, por la pretendida auto-redención de la que hablan las incontables corrientes ideológicas y filosofías de la llamada “nueva era”. El yo puede convertirse en un tirano que nos lleva por mal camino, pues no sabe bien lo que realmente le conviene.

El relativismo ideológico dicta algo así como: “No hay Dios, tú eres tu propio dios, haz siempre lo que quieras, el criterio es tu gusto y capricho. Olvida y despójate de los deberes que no te dejan vivir en paz, primero es vivir y gozar tu vida, no te molestes con nada ni con nadie. Libérate de todo lo que te hace sentir culpable, supera la culpa que no te deja disfrutar la vida a gusto. Deja también de todo lo que te cuesta, lo más importante es sentirse bien a costa de lo que sea o de quien sea, haz siempre lo que quieras...”. Así, si estamos como ovejas sin pastor, nos manipularán con más facilidad, desde el poder y los medios, para vendernos más y más, sin importarles el bien del pueblo, sólo el de sus propios bolsillos. Quieren que los hombres no tengan ideologías que defender, ni razones por las que luchar y dar la vida; es más fácil dejarse llevar como borreguitos por las modas que nos quieran imponer, aunque no nos lleven a nada.

Se idealiza lo fácil, lo cómodo, el bienestar físico y psicológico desde el que hay que deshacerse de todo lo que incomoda al ego, idealizado y sobrevalorado como un dios. Se exalta así todo lo instintivo, con lo que el hombre de hoy ha decidido y preferido identificarse, como si de lo más loable y esencial se tratase, aunque, paradójicamente, siembren en los hombres toda clase de complejos y de metas inalcanzables para la mayoría, haciéndoles desear lo que no podrán conseguir.

Se llega así al lamentable hombre infeliz que abunda en la actualidad, con más de todo lo material, de comodidades, salud, comida, tecnología, entretenimientos, etc. y paradójicamente más infeliz por ser más pobre en todo lo espiritual, en valores humanos y religiosos; un hombre cada vez más alejado de Dios y, por ende, más deshumanizado y animalizado. Cárceles y psiquiátricos más llenos, más delincuencia e inseguridad, más asesinatos, más violencia –incluso intrafamiliar- más alcoholismo y drogadicción, más adicciones, más abortos, divorcios, suicidios, depresivos, más inseguridad y fraudes de todo tipo, más malestar e infelicidad, menos capacidad de aceptar la vida -limitada e imperfecta como es- menos comprensión, amor, respeto, etc.

En este mundo donde se busca desenfrenadamente el bienestar físico y material como valor supremo, se llega así, por desgracia, a un malestar personal, familiar y social; obviamente por buscar donde no está. “El que beba de esta agua volverá a tener sed…” (cf. Jn 4,13s). “¿Porqué gastar plata en lo que no es pan, y vuestro jornal en lo que no sacia?” (cf. Is 55, 1-3).

Con frecuencia los intereses y proyectos versan tan sólo sobre el desarrollo estructural de carreteras, edificios y demás, descuidando dimensiones más características de lo humano como valores, afectos, fe, amor y tantas otras dimensiones típicamente humanas y esenciales para la felicidad y para una verdadera calidad de vida.

De ahí que, en medio del desarrollo exterior y estructural de primer mundo, se da el peor subdesarrollo: en lo esencial, en lo interior, en los valores humanos y espirituales, por ignorarlos y descuidarlos, lo que lleva al hombre al desamor, a buscar la felicidad donde no la puede encontrar, llegando a niveles importantes de deshumanización y a las mencionadas consecuencias, entre muchas otras. Incluso numerosos obispos han llegado a mencionar la crisis económica como consecuencia de otra crisis más profunda, la de valores humanos y cristianos, que naturalmente está en la raíz de la desigualdad, la inseguridad, la violencia, etc. “Doble mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas agrietadas, que el agua no retienen” (Jer 2,13).

Dicho sea de paso que ese desarrollo humano o calidad de vida habría que entrecomillarlo muchas veces, pues no es tal cuando hay que hablar de crisis de amor que lleva a fraudes que atentan contra la vida misma: gobiernos corruptos, medicamentos que no sirven para lo que dicen servir o con más efectos perjudiciales que beneficiosos para la persona, crisis de verdad que conduce a que no sepamos a quién creer, pues todo lo que dicen unos lo contradicen otros -también “especialistas”-… Para no hablar de que ese “desarrollo y calidad humana” es sólo para algunos, pues sigue estando fuera del alcance de muchos.

Desde esta perspectiva hay que deshacerse de niños minusválidos, por lo que se opta por abortar si vienen con alguna discapacidad; se ignora la moral y ética que pueda causar exigencias y compromisos que supongan algún esfuerzo o renuncia. Se idealiza el ego y se busca liberarlo de toda incomodidad, aun cuando ésta sea para un bien mayor. El que piensa distinto y dice lo que no quiero escuchar, molesta. Así, las personas se van encerrando en su individualismo, aislándose de los demás si no es para obtener halagos y beneficios, rara vez para dar o incomodarse con necesidades ajenas. Se enfría así el amor y aumenta la indiferencia por los demás, llegando a la ley de la selva: “Sálvese quien pueda”. Que el más poderoso y grande coma y explote al inferior, aunque sea injustamente, sin reconocer sus derechos y sin escrúpulo alguno.

Se rechaza todo sentimiento de culpa por ser molesto. Recientemente leí estadísticas escandalosas: son más de 100.000 abortos anuales sólo en España, por poner un ejemplo, sin contar con las que toman la píldora del día después, que también es abortiva; más del 80% de las niñas y mujeres que abortan sufrirán depresión por esa causa. Nueve de cada diez niños que vienen con síndrome de Down son abortados. ¿Dónde está el amor del buen pastor por sus ovejas?

Jesús necesita de alguien que acoja y encarne su amor, contrario al pastor asalariado al que no le importa la suerte de sus ovejas y actúa sin velar por el bien de los demás: “Al pueblo pan y circo, que no piense mucho; démosle a la gente todo lo que quiera, aunque sea nocivo, aborto, drogas, armas de fuego, eutanasia,… permitamos todo lo que pidan, sin importarnos que se hagan daño y se maten”. ¿Qué madre trataría así a sus hijos? ¿Tendrá que ver con el enfriamiento del amor del que hablaba Jesús para los últimos tiempos?

Es decir que nos proponen el camino de vivir como si no tuviéramos nada que corregir ni nada que mejorar, como si ya fuéramos perfectos dioses. Se endiosa al ego, al instinto animal que busca lo fácil y cómodo como valor supremo más que lo realmente valioso, lo que cuesta esfuerzo o sacrificio, el reconocimiento de errores, la superación, etc.

De ahí que no tenga la televisión, en general, nada constructivo que ofrecernos, como si el tiempo fuera para perderlo o “matarlo”. El puro entretenimiento barato y patético, los chismes, anuncios y malas noticias se llevan el 90% del tiempo de nuestros canales de TV. Abundan los programas, cantos, arte, pintura, teatro que muestran más sinsentido que otra cosa. Nada que enseñar; como si no hubiera nada que decir.

Se hace muy poco de constructivo y edificante, como si no hubiera nada mejor con lo que enriquecer a la sociedad. Lo hay, y mucho, pero parece que no es eso lo que se pretende sino todo lo contrario, y después nos lamentaremos de las consecuencias, cuando sólo será recoger lo que estamos sembrando. El mal se está alimentando desde los medios, pues hay toda clase de violencia y perversidad, tanto en películas y novelas como en caricaturas al alcance de todos, en vez de hacer algo por evitarlo y de sembrar otro tipo de valores que en el fondo queremos la inmensa mayoría.

¿Qué se espera recoger así? No habrá más remedio que abrir más hospitales psiquiátricos, más cárceles para los delincuentes que este mundo seguirá generando por este camino, ya que parece que no se quiere hacer nada por cambiar la ruta o sanar de raíz, aunque constatemos a diario las cifras de los males en aumento. Parece importar tan poco como el hambre de África o Asia; pocos tienen como prioridad el resolverlo. Se prefiere invertir millones en ir al planeta Marte o incluso en la guerra genocida -a veces por meros intereses económicos- antes que en acabar con el hambre del mundo y con tantos otros tipos de miseria.

No quisiera parecer negativo ni mucho menos catastrofista o pesimista. Si pongo sobre el tapete esta realidad del barro humano, la dimensión pecadora de nuestra condición humana, es porque tengo esperanza de que podemos corregirnos, cambiar y mejorar. Tal vez directamente no podemos hacer que cambien otros, pues solamente nos podemos cambiar a nosotros mismos, y esa será la mejor manera de suscitar, invitar y motivar el cambio de los demás. Creo que puede ser bueno considerar estas realidades difíciles o negativas de nuestro mundo, tanto para formar un juicio crítico capaz de distinguir el bien del mal, como para no caer en las redes de tantos tipos de mal que existen y entran en muchos corazones. Pedro nos invita a resistir al mal firmes en la fe (cf. 1Pe 5,8s.) es decir abriéndonos a Dios, dejando paso a Jesús que vino a librarnos de todo eso y necesita nuestra acogida o colaboración para lograrlo.

Lamentablemente muchos no toman en cuenta dimensiones fundamentales del ser humano como son la espiritual y la religiosa, que no se pueden negar, pero que desconocen y descuidan. Parece que se ha creado un nuevo tabú, se evita toda referencia a valores que huelan a religiosos. Se aceptan muchas verdades enseñadas por Cristo, pero son mejor acogidas si no se hace referencia a Cristo; se vende la música mientras no contenga referencias religiosas, aunque no diga nada o no se entienda, o no tenga la calidad que tiene mucha música cristiana. Parece que hoy se acepta y se vende más fácil el satanismo, como cualquier otra brujería o superstición barata, a diario en televisión y revistas. En cambio el cristianismo está relegado, mal visto por muchos en la cultura actual, construida, en gran parte, desde los medios de comunicación y con una buena dosis de cristofobia.

Y este lavado de cerebro, del que casi no se habla, ha logrado su objetivo de tener bien domesticados a muchos, en sus parámetros superficiales, vistiendo lo que se les dicta y haciendo lo que se les impone como dóciles borreguitos, pensando lo que se otros quieren, contentos con los juguetitos que se les da para que se entretengan y no piensen mucho –pues así se manejan más fácilmente- ignorando el sentido de sus vidas y su propia vocación a la libertad y, por ende, sin ninguna ambición de salir del “gallinero” ni de volar más alto, pues se consideran gallinas siendo águilas, como relata la conocida parábola del aguilucho criado en un gallinero.

Aunque se escuchen las mismas ideas, serán más escuchadas y aplaudidas si son dadas desde escenarios distintos a los templos religiosos y evitando toda referencia religiosa, pues la mentalidad actual (también conocida como construcción social del conocimiento) ha logrado recientemente que sea mal vista la religión. Mejor se va a una conferencia de autoayuda que a otra con un título que huela a religión, aunque el contenido fuera el mismo. Mejor se asiste si la conferencia es dada por una persona que no sea religiosa, etc. Y luego aún se atreverán a reclamar a Dios que les abandonó, cuando fueron ellos que lo echaron de sus vidas a patadas.

Hemos sacado a Dios de nuestros corazones, de nuestras casas, de nuestra vida, lo encerramos en los templos y que no haya referencias a Él fuera de ellos; cuando Él quiso que lo sacáramos de ahí y lo lleváramos a la vida. Sin embargo no se permiten imágenes religiosas en instituciones públicas como hospitales, escuelas, oficinas de gobierno o bancos; no se vende música cristiana en tiendas de música, están prohibidos los canales de radio y televisión abierta cristianos en muchos países; difícilmente se encuentran en muchos países postales de Navidad con la Sagrada Familia, que es el motivo de esta festividad, ya que se han substituido por papá Noel o arbolitos de nieve. Y luego ¿le reclamaremos a Dios que se alejó y nos dejó? Es Él quien no deja de buscarnos y perseguirnos y nosotros quienes huimos y lo sacamos de nuestra vida, endiosándonos a nosotros mismos y sin dejarle a Él ser nuestro Dios y Señor.

¿Cómo definirías calidad de vida? ¿Crees que la tienes en tu vida, en tu familia, en tu contexto social? ¿Qué harías para mejorarla?

¿Cómo está tu nivel de felicidad? ¿Crees que está relacionada con la calidad humana? ¿Por qué? ¿Cómo?

¿Cómo está el amor en tu corazón, fuerte o débil? Hacia ti mismo, hacia tu familia, amigos,… ¿Qué se puede hacer para fortalecerlo? ¿Crees que tendrá relación con la calidad humana y la felicidad?

¿Qué hacer para sacar a Dios de los templos y traerlo a la vida cotidiana, para que no se convierta en un nuevo tabú del que no se pueda ni hablar?

jueves, 10 de julio de 2014

DÓCILES AL ESPÍRITU


Dóciles al Espíritu Santo

Nuestro Señor Jesús lo quiere: es preciso seguirle de cerca. No hay otro camino. Esta es la obra del Espíritu Santo en cada alma –en la tuya–, y has de ser dócil, para no poner obstáculos a tu Dios.

Para concretar, aunque sea de una manera muy general, un estilo de vida que nos impulse a tratar al Espíritu Santo ‑y, con El, al Padre y al Hijo‑ y a tener familiaridad con el Paráclito, podemos fijarnos en tres realidades fundamentales: docilidad ‑repito‑, vida de oración, unión con la Cruz.

Docilidad, en primer lugar, porque el Espíritu Santo es quien, con sus inspiraciones, va dando tono sobrenatural a nuestros pensamientos, deseos y obras. El es quien nos empuja a adherirnos a la doctrina de Cristo y a asimilarla con profundidad, quien nos da luz para tomar conciencia de nuestra vocación personal y fuerza para realizar todo lo que Dios espera. Si somos dóciles al Espíritu Santo, la imagen de Cristo se irá formando cada vez más en nosotros e iremos así acercándonos cada día más a Dios Padre. Los que son llevados por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.
ESPÍRITU SANTO NOS CONFIGURA CON CRISTO
 

La Santa Misa nos sitúa de ese modo ante los misterios primordiales de la fe, porque es la donación misma de la Trinidad a la Iglesia. Así se entiende que la Misa sea el centro y la raíz de la vida espiritual del cristiano. Es el fin de todos los sacramentos. En la Misa se encamina hacia su plenitud la vida de la gracia, que fue depositada en nosotros por el Bautismo, y que crece, fortalecida por la Confirmación. Cuando participamos de la Eucaristía, escribe San Cirilo de Jerusalén, experimentamos la espiritualización deificante del Espíritu Santo, que no sólo nos configura con Cristo, como sucede en el Bautismo, sino que nos cristifica por entero, asociándonos a la plenitud de Cristo Jesús.
La efusión del Espíritu Santo, al cristificarnos, nos lleva a que nos reconozcamos hijos de Dios. El Paráclito, que es caridad, nos enseña a fundir con esa virtud toda nuestra vida; y consummati in unum, hechos una sola cosa con Cristo, podemos ser entre los hombres lo que San Agustín afirma de la Eucaristía: signo de unidad, vínculo del Amor. (Es Cristo que pasa, 87)
La venida solemne del Espíritu
Tres puntos importantísimos para arrastrar las almas al Señor: que te olvides de ti, y pienses sólo en la gloria de tu Padre Dios; que sometas filialmente tu voluntad a la Voluntad del Cielo, como te enseñó Jesucristo; que secundes dócilmente las luces del Espíritu Santo (Surco, 793).
La venida solemne del Espíritu en el día de Pentecostés no fue un suceso aislado. Apenas hay una página de los Hechos de los Apóstoles en la que no se nos hable de Él y de la acción por la que guía, dirige y anima la vida y las obras de la primitiva comunidad cristiana (...)

La fuerza y el poder de Dios iluminan la faz de la tierra. El Espíritu Santo continúa asistiendo a la Iglesia de Cristo, para que sea –siempre y en todo– signo levantado ante las naciones, que anuncia a la humanidad la benevolencia y el amor de Dios (Cfr. Is XI, 12.). Por grandes que sean nuestras limitaciones, los hombres podemos mirar con confianza a los cielos y sentirnos llenos de alegría: Dios nos ama y nos libra de nuestros pecados. La presencia y la acción del Espíritu Santo en la Iglesia son la prenda y la anticipación de la felicidad eterna, de esa alegría y de esa paz que Dios nos depara (...).
La tradición cristiana ha resumido la actitud que debemos adoptar ante el Espíritu Santo en un solo concepto: docilidad. Ser sensibles a lo que el Espíritu divino promueve a nuestro alrededor y en nosotros mismos: a los carismas que distribuye, a los movimientos e instituciones que suscita, a los afectos y decisiones que hace nacer en nuestro corazón. El Espíritu Santo realiza en el mundo las obras de Dios: es –como dice el himno litúrgico– dador de las gracias, luz de los corazones, huésped del alma, descanso en el trabajo, consuelo en el llanto. Sin su ayuda nada hay en el hombre que sea inocente y valioso, pues es El quien lava lo manchado, quien cura lo enfermo, quien enciende lo que está frío, quien endereza lo extraviado, quien conduce a los hombres hacia el puerto de la salvación y del gozo eterno (De la secuencia Veni Sancte Spiritus, de la misa de Pentecostés). (Es Cristo que Pasa, nn. 127-130)

Ven, Santificador Omnipotente
¡Sé alma de Eucaristía! -Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo, ¡qué abundantes los frutos de santidad y de apostolado! (Forja, 835)
Hablaba de corriente trinitaria de amor por los hombres. Y ¿Dónde advertirla mejor que en la Misa? La Trinidad entera actúa en el santo sacrificio del altar.
 

miércoles, 9 de abril de 2014

CUIDADO CON EL ENEMIGO



Su influencia está al acecho, como león rugiente. Siempre queriéndote, perturbar, perjudicar, sacar del camino de tu bien, de la vida.

Único modo de librarnos de su mala influencia: dejarnos guiar por el Espíritu, por Jesús buen pastor, por Dios. De no ser así estamos entregados a ser títeres del enemigo, dejándonos llevar o influir por cualquier pensamiento, por absurdo o erróneo que sea.

Por ello hay que tener sumo cuidado de lo que creemos. Tenemos la tendencia o mala costumbre de creer demasiado en nosotros mismos, así dejamos entrar demasiado fácilmente la cizaña del enemigo, con consecuencias catastróficas.

De ahí que digamos: el que no cojea de un pie, cojea de otro. ¿Dónde está el hombre íntegro, de Dios? ¿Cómo encontrarlo si no hay quien se deje guiar por el Espíritu y por Jesús?

Apártate de mí satanás, porque piensas como los hombres y no como Dios.

HEMOS DE PENSAR COMO DIOS, tenemos la mente de Cristo. A nuestro alcance está el Reino de Dios, la guía del Espíritu, y con qué facilidad nos lo perdemos, por dejar entrar la tiniebla, por aceptar como válido y verdadero a cualquier pensamiento que nos llega a la cabeza, con toda facilidad, sin criterio de discernimiento para reconocer la cizaña, ni saber rechazarla.



Igualmente vemos el mundo, llevado por el enemigo con gran facilidad: como el instinto humano que es impulso y fuerza ciega, sin razones a seguir ni objetivos a lograr. Simplemente impulsados por el instinto se eligen presidentes inadecuados, se pone en el pedestal a ídolos falsos, llevados por lo físico. Así también se escoge a la pareja, se toman decisiones,… más llevados por el instinto que por el Espíritu de sabiduría y discernimiento, ni siquiera razones que deberían distinguirnos de los animales.

Muchos sufren perturbaciones en su mente y en su espíritu, simplemente por dar entrada a sus propios pensamientos absurdos, alocados, y tomarlos como la voz, la luz, la guía.

El problema no es que nos lleguen esos pensamientos absurdos; toda la basura y maldad podría pasar por nuestra cabeza sin hacernos daño alguno. El problema es recibirlos como válidos y verdaderos. HAY QUE APRENDER A SELECCIONAR EL TRIGO Y A RECHAZAR LA CIZAÑA.

Lo que no edifica no es bienvenido. No fiarse de sí mismo, pues ese sí mismo no es el hombre nuevo, sino el desorden egoísta, el impulsado e influido por el mundo y por el enemigo, que fomenta el mal, pues lo prefiere al bien. Prefirió las tinieblas a la luz. Las malas palabras a las buenas,…

Aprende a no fiarte de ti mismo, del hombre viejo, de cualquier voz. Discierne, y aprende a escuchar y obedecer la voz de Dios que también está en ti.

Prov 28,26. El que se fía de sí mismo es un necio.


viernes, 14 de marzo de 2014

EL DIABLO NUBLA LAS MENTES

Si, de muchas maneras nos aleja de la luz de la verdad, pues es el enemigo de Dios, de la luz, de la vida, de la salvación.
Errores graves de nuestro tiempo son incontables entre ellos citaré algunos:
-      No importa lo que es verdad o mentira. El relativismo y subjetivismo avalado socialmente con la frecuente complicidad al hombre viejo, al que siempre se le quiere dar por su lado. Prevalece sobre la verdad o sobre lo auténtico, lo que te haga sentir bien, por falso, hueco y pasajero que sea.
-      El sentir sobre el saber, sobre la verdad, sobre la razón. Sólo importa el sentimiento, cómo te sientes, y así el sentirse bien se convierte en el falso ideal de muchos, como el ídolo que marca su hoja de ruta permanentemente. Sólo se quiere sentir bien, a costa de lo que sea: de la salud, de romper corazones, de defraudar, robar, mentir,… buscando egoístamente sólo el propio bienestar.
-      No importa el sentido de la vida, ni de lo que hacemos. Parece que se admitió como válido el sobrevivir, en la superficialidad del sobrevivir, sin importar las razones, ni la finalidad de la vida. Se resigna a no tener otro sentido en la vida más que el sentirse bien en todo momento. Ante esto no se sabe vivir nada con razones ni sentido, se vive en el sinsentido para el trabajo, para la enfermedad, ni mucho menos para la muerte.
-      Pero el enemigo anestesia un poco las conciencias con la mentira y el engaño de que hay vida después de la muerte, de que el muerto está en mejor vida, de que todos estaremos mejor después de esta etapa, sin un Dios, sin un camino, vivas como vivas. Se sigue idolatrando al ego, para el que se quiere bienestar permanente.
-      El hombre se endiosa, tomando sus decisiones solo, como si él fuera Dios. Siempre al margen de Dios y desde su propio capricho y criterio, por subjetivo y torpe que sea, pero no quiere que nadie más decida. Se fía de sí mismo al 100%, como si fuera dios mismo. Queriendo que se haga siempre su caprichosa voluntad.

-      Engañados socialmente: te hacen sufrir por absurdos, como que pierda tu equipo, como si fueras tu quien realmente perdió. Identificado con esa superficialidad de vida creada por el mundo del instante, pues cambia constantemente la moda, estará preocupado por aparentar así o asá, hablar así o asá, vestir de uno u otro modo, ir a tales lugares, gastar dinero en …  todo lo in, aunque eso caduque en dos días y lo “in” pase a ser otra cosa. Se vive en la superficialidad total, y muchos viven identificados en ese mundo artificial creado por el hombre superficial.



-      Sufriendo mucho por el cáncer, que le reduce unos años de vida. Pero me pregunto, ¿de qué le serviría unos años de vida? ¿Para vivir lo mismo que lleva viviendo 20 o 30 años? ¿Para sobrevivir y satisfacer sus instintos 10 años más? ¿A quién beneficiaría si viviera más? ¿Está aferrada a esta vida para qué? (de la película: un pedacito de cielo). Introyectó paradigmas sociales ridículos y sin sentido, por los que se hace la víctima, sufre y llora, echando de menos unos años más de superficialidad y egocentrismo, en lugar de buscar y añorar el sentido para vivir, y conocer al Dios que se reveló para salvarnos. Pero en la película como es usual pone la muerte como paso a la vida feliz, pero sin Dios. Y deja a sus familiares celebrando su muerte, como su fuera una gran fiesta: el diablo inculca por películas y otros medios, todos los antivalores que puede, lo que destruye, lo que lleva al hombre a la muerte y condenación, homosexualidad, equiparara a la hetero, la droga y delincuencia normalizada y aceptada como buena, el aborto como alternativa normal a la lógica humana, como si esta fuera la verdadera referencia a seguir, desde el propio endiosamiento del ego carnal, y sin idea de su verdadera identidad espiritual.


-      Idealización del propio bienestar egoístamente, de ahí que se quiera alejar uno de todo el que ose molestarle, de todo el que le haga salir de sí mismo, en definitiva de toda el que obstaculice el cumplimiento de la propia expectativa y voluntad. De ahí que abunden los divorcios, las rupturas y hasta violencia intrafamiliar, muertes, pleitos y lágrimas sin parar, por la propia incapacidad del ego para vencerse y dominarse a sí mismo. De ahí que cada vez sean más los que quedan solteros y solteras, prefiriendo convivir con alguna mascota, que no puede incomodar ni defraudar las propias expectativas y deseos como suelen las personas.