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miércoles, 9 de diciembre de 2009

TE NECESITO

Diez definiciones breves de la palabra de Dios

1.- “La Biblia es el libro de un pueblo y para un pueblo”.
2.- “La plenitud de las Escrituras es el amor”.
3.- “La Palabra de Dios es una brújula que indica el camino a seguir”
4.- “La escucha amorosa de la Palabra de Dios lleva al servicio desinteresado hacia los demás”.
5.- “La escucha auténtica de la Palabra de Dios es obedecer y actuar, es hacer florecer en la vida la justicia y el amor”.
6.- “La Biblia nos presenta el soplo del dolor, sale al encuentro del grito de los oprimidos y del lamento de los infelices”.
7.- “Mediante el amor y la veneración a la Palabra de Dios, las Iglesias y comunidades cristianas viven una unidad real, aunque imperfecta”.
8.- “La Sagrada Escritura se ha convertido en una especia de inmenso vocabulario… Es el atlas iconográfico… El Evangelio fue la lengua materna de Europa…La Biblia es el gran código de la cultura universal”.
9.- “La Sagrada Escritura tiene pasajes adecuados para consolar todas las condiciones humanas”.
10.- “Es necesario traducir a gestos de amor la Palabra de Dios escuchada y orada, porque solo así se convierte en creíble el anuncio del Evangelio” [Tomado de Ecclesia Digital]

martes, 1 de diciembre de 2009

ABUSO DEL NOMBRE DE DIOS


USO DEL NOMBRE DE DIOS EN VANO


El segundo mandamiento del decálogo dice así: “No tomarás en falso el nombre de YHWH tu Dios…” (Ex 20,7). Lo aprendimos en la Iglesia como no tomar su nombre en vano. Podríamos encontrar muchos significados o modos de aplicar este mandamiento. Para ser más sintético plantearé los siguientes:
- Tradicionalmente se interpretó este mandamiento como no jurar por Dios en falso, lo que sería obviamente un modo de usar el nombre de Dios erróneamente para mentir. Incluso se recomendó no jurar por Dios nunca, pues podría romperse el juramento y se haría, de algún modo, quedar mal a Dios, por quien se prometió o se juró.
- Otro sentido que podría darse es el respeto debido al nombre de Dios, por el que los judíos no osan pronunciar este nombre, pues en realidad es impronunciable, ya que se trata de 4 consonantes que nadie sabría pronunciar YHWH (conocidas como tetragrama) por lo que los judíos en su lugar pronuncian ADONAI, que significa Señor. En el siglo IX se le colocaron los sonidos vocálicos de “adonai” y el resultado fue yehowah (Geova) y más recientemente se hizo de otro modo dando el resultado de Yahweh, que cada lengua trascribirá de un modo. Recientemente el Vaticano pide no usar este nombre en la liturgia, particularmente, en un esfuerzo por recuperar lo bíblico original, dado que cualquier modo de llamarlo es una invención nuestra, pues nadie sabe cómo se pronunciaría, por desconocer los sonidos vocálicos correspondientes. Tiene también el sentido de que siempre excederá nuestro humano conocimiento, no podemos encasillarlo o creer que lo abarcamos totalmente, siempre nos trascenderá. Por lo que se prefiere hacer como hicieron siempre los judíos y también la Iglesia en la liturgia, diciendo SEÑOR.


- Otro modo de aplicar este mandamiento sería no haciendo decir a Dios lo que no dice, no hablar falsamente de Dios, no atribuirle a Él lo que no hizo, no minusvalorarlo, no hablar mal de Él…; lo que se comete, posiblemente, con más frecuencia de lo que podemos suponer. Con mucha ligereza hablamos de Dios y lo metemos hasta en la sopa. Le hacemos decir lo que Él no dice, malinterpretando su Palabra y por tanto tergiversando su sentido. Cuando decimos: “Así lo quiso Dios” en ocasiones en que no podemos estar seguros de tal cosa. “Dios se acordó de él” o “Dios se lo llevó”, haciéndole culpable o causante de muertes que, quizás, ni Dios quería. También en dichos más bien supersticiosos como: “Casamiento y mortaja del cielo bajan”. Lamentablemente son muchas las interpretaciones erróneas que se hacen comúnmente de la Escritura.

- Todo esto, y tal vez otros usos de su nombre en vano, tiene muy graves consecuencias, pues llevan a muchos a perder la fe y a alejarse no de Dios, por causa de esa falsa presentación que hacemos de Él, hablando a la ligera o con demasiado atrevimiento, como si se tratara de algo totalmente conocido y dominado por nosotros. Presentamos así una caricatura de Dios, que lleva a muchos a alejarse de Él, pues hablando erróneamente de Él se generan expectativas falsas que se verán frustradas tarde o temprano. Como ya dijo el Concilio Vaticano II al tratar de las causas del ateísmo, entre otras por la mala presentación de Dios como por el mal ejemplo y vivencia del Evangelio que lleva a velar a Dios en vez de revelarlo como deberíamos.

- De los principales errores que se cometen al hablar de Dios y que pueden llevar a muchos a alejarse de Él es el pensar que no se mueve una hoja sin la voluntad de Dios, frase que se atribuye erróneamente a la Biblia, y que aunque estuviera en ella habría que saber interpretar a la luz del conjunto, y no tomarla literalmente. Se usan mucho expresiones como: “Si Dios quiere encontrará trabajo”, se puede trasmitir el mensaje erróneo de que si no lo encuentra es porque Dios no quiso. “Dios quiera que le vaya bien”, y si no le va bien ¿será que Dios no lo quiso? Así hay infinidad de expresiones y atribuciones a Dios que hacen pensar que Él causa todo lo que sucede, lo bueno y lo malo. “Ruégale a Dios por su salud que Él la sanará, sólo Él la puede salvar”, ¿y si muere? Así se han alejado muchos de Dios, porque se les quiso dar una noción errónea de Dios, como si fuera el genio de la lámpara que está para cumplir nuestros pedidos, o que es el que está por detrás de todo cuanto sucede, en especial de la muerte, cuando no siempre es así.

¿Has conocido a alguien que haya perdido la fe en Dios por causas como estas? ¿Crees que muchos se han alejado de la Iglesia por este tipo de concepciones que transmitimos los católicos?
¿Tus ideas de Dios están basadas en la Biblia, en lo que Él nos reveló? ¿Cómo lograr la correcta interpretación de los textos bíblicos?

sábado, 26 de septiembre de 2009

¿QUÉ ES SER HIJO DE DIOS?

EL HIJO DE DIOS
El hijo de Dios sabe vivir en la pobreza y en la riqueza, rodeado de placeres o sin ninguno, pues no se apega a nada de esta tierra, vive peregrinando hacia Dios y tiene claros cuales son los valores verdaderos que no está dispuesto a perder por nada del mundo. Es decir, está apegado sólo a Dios.
Que caiga cualquier cosa menos la fe que me une a Dios, que pierda los ojos del cuerpo pero no los del espíritu que me permiten valorar lo eterno, el gran Tesoro del Reino de Dios (cf. Mt 13,44).


Dios no está en contra del placer ni del bienestar humano, como lo está contra la maldad y toda clase de atadura que esclaviza al hombre y que lo convierte en idólatra que no deja a Dios ser Dios, pues no le deja actuar en su vida, ya que se abre a otros ídolos de los que hace depender su felicidad, de los que espera más que de Él y a los que ama más que a Él. Dios quiere que participemos de su vida en abundancia y de su felicidad plena (cf. Jn 10,10; 15,12).


Solamente no quiere Dios lo que hace daño al hombre, pero no tiene inconveniente alguno con lo que le realiza y hace feliz, que es principalmente el Amor. Por ello quisiera Dios que amásemos siempre y a todos, incluso a nosotros mismos. Que cuidemos nuestra salud física, anímica y espiritual por amor a Él, a nosotros mismos y al prójimo.


Me alimento y cuido mi salud como una respuesta a la llamada de Dios, que quiere que me ame a mí mismo y que sea instrumento de su amor en el mundo; quiere servir y amar a sus hijos por medio de mí y de ti, quiere hacer el bien a muchos a través de nosotros, y nos ama tanto que quiere siempre nuestro bien, por lo que hemos de cuidarnos y ser responsables con nuestra vida, como buenos administradores de los dones y carismas que de Él recibimos para ponerlos al servicio de los demás.


Quiere Dios para nosotros un amor auténtico, el que busca el bien del amado, no el amor egocéntrico y ególatra que es opuesto al amor. Amar primero a Dios, reconociéndole y dándole su lugar; amar a los demás y a mí mismo será buscar el bien propio y ajeno; y el máximo bien de cualquier persona es abrirse por la fe al tesoro de Dios, a la comunión con Él; de ahí que el mayor amor que podemos demostrar es viviendo lo más grande que podemos vivir y ayudando a otros a vivirlo también: la comunión con Dios.


Sería absurdo que la creación y sus deleites, que Dios hizo para que me uniera más a Él y lo glorificara y agradeciera por todo, me llevaran a enemistarme y separarme de Él. Dios quiere valerse de lo creado para seducirnos y atraernos, para que le reconozcamos en sus obras, nos sepamos muy amados por Él y le sepamos amar, dándole siempre a Él el primer lugar y sin hacernos esclavos de creatura alguna.
Rm 1, 20: “Porque lo invisible de Dios (su poder eterno y su divinidad) desde la creación del mundo se deja ver a la inteligencia a través de sus obras, de forma que son inexcusables, porque habiendo conocido a Dios no lo glorificaron como Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció…”


¿Has sabido glorificar a Dios y agradecerle por tu salud, bienestar y todo lo que Dios te da en la creación? ¿Has sabido reconocer la mano amorosa de Dios en la naturaleza por Él creada y en la inteligencia humana que Él nos dio?
¿Has hecho mal uso de la salud y del cuerpo, de la inteligencia, carismas y talentos que Él te ha dado? ¿Puede usarse lo que Él nos dio para nuestro bien y mayor comunión con Él, para el propio perjuicio o de los demás? ¿Cómo?