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viernes, 3 de julio de 2009

RESPUESTAS A PROTES-1

La Iglesia responde brevemente a las principales dudas de protestantes
Tomar en consideración que la Iglesia Católica es santa y pecadora, Santa en virtud de su alma que es el Espíritu Santo, Y de su cabeza que es Cristo mismo; su dimensión invisible, espiritual y eterna; pecadora por su cuerpo que formamos todos, siendo pecadores como humanos, en su dimensión material, institucional y visible.

Está por tanto necesitada de conversión permanente, aspirando a la santidad, y consciente de lo cambiante de los tiempos y culturas a las que ha de saber adaptarse y traducir las enseñanzas divinas. Tiene las puertas abiertas a todos; compuesta por santos y pecadores, sabios e ignorantes… Susceptible de todo tipo de errores humanos por ignorancia o negligencia.

Esto significa que no todo lo que viven los laicos define a la iglesia o es legítimo doctrinalmente hablando. Hay mucho desconocimiento de Dios, muchas ideas erróneas, tergiversaciones, malos entendidos, sincretismo religioso que mezcla la fe católica con otras ideas esotéricas o fetichistas, lo cual es un absurdo, que la misma iglesia condena. NO dejarnos confundir por esos errores vividos por algunos que se dicen católicos sin serlo verdaderamente.

Muchos modos e ideas medievales formas de fe y tradiciones han de cambiar a la luz de los signos de los tiempos, de los paradigmas actuales y de la teología de hoy. Podemos disentir de muchas formas que no nos agraden, incluso los sacerdotes y obispos disienten o difieren de muchos de estos aspectos secundarios. Pero esto hay que distinguirlo de lo fundamental, de lo esencial de nuestra fe católica, sobre lo que versan las respuestas que siguen, de modo muy breve.

¿Quién es el anticristo? Algunas sectas afirman que le Papa es el anticristo. Todo el que se opone a Cristo y al establecimiento de su Reino, es anticristo, es decir de los enemigos de Cristo, sea persona, organización o estado. Afirmar que el Papa es el Anticristo es una calumnia, puesto que es el sucesor de San Pedro y el jefe de la Iglesia fundada por Cristo.

¿Qué son los "Libros Apócrifos"?Los libros apócrifos son los que fueron excluidos lista de libros reconocidos como inspirados por la Iglesia Católica, la única en el siglo IV, cuando se definieron los libros inspirados. Los protestantes que tienen inicio en el s. XVI aceptan la Biblia que definió la Iglesia, pero a excepción de algunos libros o partes de libros, que sacaron de sus biblias, con el pretexto de que son escritos en griego y no en hebreo. Pablo cuando dice que toda la escritura es inspirada por Dios (2 Tim 3,16) tenía la de los 70 que incluía todo, lo escrito en hebreo y en griego.

miércoles, 24 de junio de 2009

LA FE QUE SALVA

No es la simple caricatura de fe que se suele conocer comúnmente como un simple creer en la existencia de Dios -nivel al que muchos ni alcanzan- pero la fe por la que nos viene la salvación y la vida divina eterna no es esa. Dice la Biblia que también los demonios creen y tiemblan, pero no se adhieren a Dios ni se quieren someter a Él; en otras palabras, no le quieren dejar a Él ser Dios, pues se endiosan ellos mismos, tal cual nos sucede a los humanos.

No se trata por tanto de la “fe del carbonero”, que es más credulidad que creencia, sin apoyo en una experiencia del Dios vivo, pues dicen creer en Dios simplemente porque sí, por su mentalidad subjetiva, su tradición, costumbre, etc. Así como muchos opinan que hay extraterrestres y otros que no, pero sin apoyarse en experiencia alguna, pues así dicen muchos creer en Dios. Esa no es la fe de la que nos habla la Palabra, la fe que nos hace hijos de Dios, que nos da la salvación y la vida nueva en Cristo.

La Biblia afirma de modo claro, insistente y contundente que por la fe habitará Cristo en nuestros corazones, que nos hace hijos de Dios, que nos da la Vida eterna, que por ella recibimos la salvación, etc. (cf. Ef 3,17; Jn 1,18; 3,16; 6,40.47; 7,37-39; Mc 16,16 etc.).
¿A qué fe se refiere entonces? Se trata no solamente de creer en Dios, sino de creer a Dios. Es decir que la fe verdadera sería creer su palabra y por tanto acogerla y practicarla, como aclara y especifica Jesús en numerosas ocasiones. “El que escucha mis palabras y no las pone por obra se parece al hombre necio que edificó su casa sobre arena… (cf. Mt 7,21). Más feliz el que escucha y practica,…

La fe se practica por el amor (Ga 6.7), la fe sin obras está muerta (Stg 2,26). El que escucha y no practica se parece al que se ve en el espejo y al momento se olvida. Practicándola será feliz (cf. Stg 1,23-27). Y así son innumerables las referencias que nos hablan de que no puede haber fe sin la obediencia y práctica de su palabra.


En definitiva se trata simplemente de darle a Dios su lugar en nuestra vida, el lugar que le corresponde, el de único Dios y Señor. No tener otro Dios, guía, ni pastor más que Él. Hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres, dijeron los apóstoles cuando les detuvieron y encarcelaron prohibiéndoles hablar de Jesús (cf. Hch 5,29). Es decir, dejar a Dios ser Dios a costa de lo que sea, pues se trata de un valor absoluto que ha de estar por encima de cualquier otro. Antes perder cualquier otra cosa, pero no a Dios, la vida eterna, su Reino en el corazón (cf. Mt 5,29ss).

¿Crees que practicar su palabra con fe te hará feliz? ¿Cuáles crees que sean las consecuencias de practicarla y las consecuencias de no hacerlo?

domingo, 21 de junio de 2009

SOBRE LA FE

MITOS SOBRE LA FE

“La razón es el antídoto que permite superar los mitos religiosos y el relativismo actual”, constató Benedicto XVI recientemente durante la audiencia general. Son muchos los prejuicios existentes sobre Dios, propios de una creencia pre-evangelizada, quizás natural al ser humano (es decir, conceptos que se tienen de Dios sin conocer la revelación que Él hace de sí mismo) según la cual Dios habría de responder a nuestras peticiones y debería gobernar al mundo. Ante el Dios verdadero revelado en Cristo que no responde a estas expectativas humanas, el hombre muchas veces opta por negar a Dios y prescindir de Él, pensando que no existe.

No es que no exista Dios, lo que no existe es el dios del prejuicio albergado por muchos seres humanos; lo que no existe son los mitos sobre Dios creídos o pensados por muchos, incluso por cristianos pese a tratarse de imágenes de Dios radicalmente distintas a la manifestada por Cristo, desmentidas directamente por su vida y sus palabras. Es de esa imagen insustentable -y refutada por los hechos constatables de la vida cotidiana- de la que se apartan muchos de nuestros contemporáneos. No existe esa caricatura de Dios, a veces ridícula, que es la única que se ha presentado a muchos y que les ha parecido inaceptable o hasta chocante, que sin embargo es la que viven y manifiestan muchos cristianos.

Claro que no se puede creer en Dios gratuitamente, sólo porque otro lo diga; claro que no podemos quedar en una fe ciega, sin cimiento alguno; esto sería temerario, tanto como cualquier creencia sin fundamento. Ponerse a creer en algo nada más que porque sí o simplemente porque lo dice alguien puede ser muy peligroso, pues hay mucha mentira en el aire. Cuántas creencias absurdas y totalmente irracionales son pura invención humana; muchas veces salen de personas sin escrúpulos que únicamente piensan en su bolsillo o en su poder sobre los demás, por lo que quieren vendernos ídolos de todo tipo que son falsos remedios.

La fe cristiana tiene un fundamento y una revelación histórica; está cimentada en las experiencias de Dios de muchos siglos; desde los patriarcas y profetas en el nacimiento y crecimiento de un pueblo con el que Dios se fue revelando durante siglos, entrando en la historia y acompañándolo, hasta la manifestación más plena y perfecta en Cristo. Totalmente diferente de la absurda fe en ídolos o supersticiones inventadas por hombres, como la “santa muerte”, por ejemplo, o como la fe en unas piedras, velas, horóscopos y tantas creencias sin bases de ningún tipo, sin el sustento de verdaderas experiencias.

“¿Cómo invocarán a aquél en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquél de quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? Y ¿cómo predicarán si no son enviados?... Por lo tanto, la fe viene de la predicación y la predicación por la Palabra de Cristo” (Rom 10, 14ss)
Creer en Dios no es como creer si existen o no los extraterrestres. Cada uno puede tener una opinión, unos serán dados a creer y otros a no creer, pero sus opiniones son irrelevantes, sin base alguna; la fe cristiana no tiene nada que ver con este tipo de fe, pues creer así en Dios tampoco nos serviría para nada. Una fe sin conocimiento y sin experiencia no puede afectar a nuestra vida, ni nos puede salvar ya que no nos da la comunión con Dios. La fe sin obras está muerta y no puedo tener fe con obras de Dios sin tener experiencia de Dios, sin ser guiado por el Espíritu y sin experimentar su acción amorosa y poderosa, sin sentirme seducido por Dios hasta querer dar la vida por Él (no sólo muriendo, sino dándole la vida de cada día). De Dios conocemos lo que experimentamos. Hemos de experimentarlo para poder cimentar nuestra vida y nuestra fe en Él, pues sin ello habríamos creído en vano, nos dice San Pablo (1Co 15,2) ya que sin obras tendríamos una fe estéril.

Para creer en Dios necesitamos una experiencia de encuentro con Él, necesitamos conocerle no teórica sino vivencialmente, y esto no se da si no es por medio de la comunidad eclesial. Es un don que se recibe por medio de los instrumentos en los que Dios sigue vivo y actuando, dándose y haciendo el bien. La fe viene por el oído, por la predicación de la palabra de Dios que recibimos de los apóstoles de hoy -sean laicos o consagrados- que hablan en su nombre y hacen posible la acción del Espíritu que toca el corazón. Solamente Él proporciona una experiencia que produce un cambio radical y medular, no simplemente cosmético. La experiencia de Dios –que procede de la escucha y práctica de su Palabra- nos abre a la fe, y por ella le dejamos vivir a Dios en nosotros, nos dejamos iluminar y guiar por Él, pues su amor nos seduce y marca nuestra vida, nos capacita para amar como Él.

Por tanto, la fe, no es algo puramente teórico. No es algo que puedo perder si me dijeran algo, sea lo que sea. Si tuviera una fe teórica, sustentada en lo que otros dicen, podría perderla si luego dijeran otra cosa; como los que pierden la fe porque oyen decir que aquél milagro fue un fraude, o que un sacerdote dijo que no sucedió así tal o cual milagro… En cambio una fe bien cimentada en la experiencia, aunque descubrieran datos “contrarios” al evangelio, aunque dijeran que no fue así, etc., no podría tambalearnos, pues no podemos negar lo que hemos visto y oído.

¿Qué formas de creer has conocido?
¿Cuál crees que debe ser nuestro modo de creer en Dios para que nos lleve a una verdadera vivencia de la Palabra y una vida nueva en Cristo? ¿Qué necesitamos para ello?
¿Qué ideas erróneas has conocido sobre la fe?
¿Puede llegar a creer una persona sola, estudiando conceptos y teorías sobre Dios? ¿Puede un teólogo conocer muy bien todo sobre Dios y no tener fe? ¿De dónde viene la fe, cómo proporcionarla, facilitarla o suscitarla?

viernes, 5 de junio de 2009

MELENDEZ

FE- FETICHISMO

DIFERENCIAR FE DE FETICHISMO

Creo que muchos son los católicos que aún no conocen esta distinción, pues recurren a la Iglesia y a la oración con la misma intención que otros acuden a un amuleto o a buscar una hierba de la buena suerte. Es decir centrados en su propio EGO y en busca del propio bienestar por encima de cualquier otro valor.
Esto habla de un significativo desconocimiento de Jesús y de la revelación que Él hace de Dios. Creo que ésta es la raíz de esa fe fetichista y que tendría muchas consecuencias lamentables, algunas de las cuales menciono a continuación:
- En lugar de dejar a Dios ser Dios y Señor, tomando la posición de hijo querido que escucha y practica, se invierten los papeles y se pone uno como si fuera Dios a hablar y pedir, esperando que Dios escuche y obedezca las peticiones egocéntricas.

- Muchos tienen nociones pre-evangelizadas de Dios, es decir sin conocimiento de la revelación que Él hizo de sí mismo; de ahí tantas ideas erróneas y prejuicios de Dios: un Dios que gobierna el universo y que, por ello, todo está como Él quiere; un Dios que ha de escucharnos y responder a nuestros pedidos y ha de encargarse de aplacar el mal. Desconociendo el Dios revelado en Cristo que nos envía a nosotros a esa misión y que reina tan sólo en quien le deja reinar.

- O sea que en lugar de decir “habla Señor que tu siervo escucha”, o como el Hijo “aquí estoy para hacer tu voluntad”, le dirá “escucha Señor que yo hablo y tú estás para hacer mi voluntad”. No quieren saber lo que les pide Dios, sólo quieren ser escuchados, sin saber que mucho de lo que le piden a Dios es lo que Dios les pidió a ellos, y otro tanto de lo que piden ya se los dio por medio de la Palabra y del Espíritu, pero no lo quisieron conocer ni acoger.

- Desconocen que ya Dios les dio inteligencia y personas para ayudarles a construir el Reino de amor y a conseguir todo lo que tanto anhelan.

- Con toda razón muchos autores conocidos criticaron la religión como opio del pueblo, como consolación de ignorantes o como evasión que nos lleva a no luchar ni comprometernos con la realidad. Nada que ver estas nociones con las vividas y enseñadas por Jesús, aunque lamentablemente muchos cristianos aún en la actualidad, dan motivos para que otros se alejen de Dios, por esa mala vivencia de la fe, como simple evasión o refugio.

- Se siguen dando motivos a muchos para alejarse de Dios por tantas incongruencias y errores que claman al cielo: la persona que pone en manos de Dios lo que Dios quiso poner en las nuestras, para así desentenderse del compromiso por el bien de los demás; la madre que pide que su hijo se libre de la droga sin hacer nada más para conseguirlo, como si le pudiera Dios meter en la boca la comida a uno que no la abre; la que piensa que no se mueve una hoja sin la voluntad de Dios, mostrando así un Dios malvado, porque hace muchas cosas mal ya que muchas hojas y personas se mueven de modo fatal en este mundo.

- Tanta gente que desde su desconocimiento de Dios no acude a Él si no es para pedirle, y no espera de Él nada más que su propio beneficio, sin liberarse así del egocentrismo ni aprender a amar, que es el mayor tesoro que Jesús vino a darnos.

- Tantos juicios erróneos de Dios que llevan a muchos a alejarse de Él, pensando que Dios es amante del sufrimiento y sacrificio, y enemigo de la felicidad y bienestar humano; pensando que se tiene que ser crédulo de ideas irracionales, sin fundamento alguno en la experiencia; creyendo que se trata de ideas inventadas, según manifiestan muchas películas novelescas que buscan desprestigiar a la iglesia y alejar a la gente de ella,…

Así damos motivos para que mucha gente se aleje de Dios, por causa del Dios esperpéntico que muchos viven y enseñan con ideas tan desafortunadas como las que acabo de referir, entre otras muchas.

¿Conoces a alguien que viva esa fe sin conocimiento de Dios? ¿Alguien que sólo quiera Dios para su buena suerte y su propio bienestar? ¿Alguien que culpe a Dios de las desgracias? ¿Qué les dirías? ¿Qué les falta? ¿Qué podríamos hacer?

¿Qué consecuencias crees que pueden tener las personas con esa fe sin conocimiento de Dios ni escucha a Él? ¿Qué podríamos proponerles?

jueves, 21 de mayo de 2009

BIBLIA

ERRORES DE INTERPRETACIÓN BÍBLICA

Es un tema en el que considero importante profundizar más y más, pues lamentablemente es un error bastante frecuente entre los cristianos en general, tanto en no católicos como también entre católicos. Esto se debe tal vez a la poca formación recibida sobre la interpretación correcta de la Biblia, pues incluso hasta hace poco era totalmente desconocida e incluso no se recomendaba su lectura, tal vez justamente para evitar los errores de interpretación que se pueden cometer si no se tiene una adecuada formación al respecto. Al comenzar a aconsejarse la lectura bíblica después del Concilio Vaticano II, naturalmente han cundido las malas interpretaciones y fundamentalismos, como había sucedido desde antes en grupos de hermanos separados, que recomendaban a todos esta lectura anteriormente.


Se trata, pues, de un gran reto a superar y considero que de suma importancia, pues como decía San Jerónimo, desconocer la Escritura es desconocer a Cristo. Algo aún demasiado frecuente entre los católicos, el desconocimiento del Dios revelado en Cristo, pues sigue teniendo más fuerza una visión de Dios sin la luz plena de la Escritura que da sentido a la cruz, enfermedad y muerte, mientras muchos católicos siguen apegados a buscar el propio interés humano, incluso renegando de Dios ante la cruz de cada día, de la que quieren librarse a toda costa, lo que prueba el desconocimiento de la Revelación en Cristo. Esto sucede tanto por el desconocimiento de la Escritura, como por la mala interpretación literalista que se hace de ella. Justamente es el problema que se quiere atajar con el reciente Sínodo sobre la Palabra de Dios, del que surge el documento que quiere ayudarnos a entender mejor la Escritura para evitar las frecuentes malas interpretaciones.
Urge una lectura bíblica libre de fundamentalismo, esto es que no se interprete sin criterio, de modo simplista, literalmente, pues todo tiene un contexto y una razón, por lo que no se puede trasponer al pie de la letra lo que se dijo hace siglos a una persona concreta, al hoy y a todos, como suele interpretarse erróneamente con frecuencia. La Biblia no es un libro caído del cielo con verdades universales. Tiene origen humano y contextual, en una época y lugar, con criterios de la cultura en la que surge, llena de errores y aciertos, como todas. La verdad divina hay que entresacarla del espíritu global de la misma; se puede decir que está entre las líneas, más allá de lo expresado literalmente que siempre es contextual, y por tanto no tiene validez para toda persona de cualquier época. Saber qué lección nos da cada texto bíblico requiere captar el espíritu que hay detrás de la letra, y no pretender nunca que nos hable a nosotros literalmente un texto.


El mismo San Pablo que dice “…no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (cf. Ga 2, 20) también dirá en otra ocasión: “Realmente mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco,... ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí” (cf. Rm 7, 15-20). Es decir lo que expresó San Pablo en un momento no le pareció válido en otro, pues otras experiencias le hicieron expresar todo lo contrario. Es muy normal; todos pasamos momentos distintos en la vida; pero esto puede indicarnos una lección importante sobre la lectura bíblica: nunca hemos de leer de modo fundamentalista, absolutizando una frase sacada de contexto, pues tiene que ver con un momento determinado, como también vemos en las diversas decisiones que tomó Pablo en el trascurso de su vida.


Por ello, podríamos decir que lo que se expresa es muchas veces motivado por experiencias puntuales y tal vez adecuado para unos momentos y personas, y no para otros. Como sucede más claramente aun cuando abrimos el libro de los salmos; cada uno refleja una situación distinta del salmista; los salmos pueden expresar realidades que no tienen nada que ver con nuestra vida. Puedo estar feliz y entusiasmado y leer un salmo que expresa la súplica deprimida de un moribundo, o la súplica para vencer a los enemigos en la batalla. Se puede orar en estos casos por los que se encuentran en esta situación, con los que formamos un solo cuerpo, y siendo como la boca que pide por ellos.


De nada me serviría leerlo sin la visión global y el espíritu que recibimos del conocimiento de Dios a través de toda la Biblia. No podemos entonces tomar parcialmente textos, como se suele hacer para fundamentar lo que se quiere. Como un fundador que para justificar que los miembros de su comunidad debían trabajar para sostenerse incluyó en los estatutos la frase de Pablo: “Trabajé con el sudor de mi frente para ganarme el pan, para no serle gravoso a nadie”. Pero llegó un día que quiso que dejasen de trabajar para el sustento, pues prefirió una dedicación exclusiva a la predicación y pidió a todos tachar aquella cita y cambiarla por otras citas de confianza en la providencia.


¿Será que solamente si expresa el apóstol Pablo que puede vivir del Evangelio, podemos nosotros, y si él no lo expresara no podríamos? No necesitamos una frase bíblica para fundamentar cada paso que damos. Basta conocer el Espíritu del Evangelio para poder discernir si algo de lo que hacemos está de acuerdo a su voluntad o es contrario. Hay muchas cuestiones hoy de las que no dice la Biblia ni una palabra, pues ni existían entonces. No podemos anexar una frase bíblica sobre los preservativos ni sobre las tecnologías modernas.


Pablo vivió guiado por el Espíritu como hemos de hacer nosotros hoy. Unas veces hablaba de manera más exigente y otras más suavemente, según consideraba oportuno en cada momento para sus destinatarios, como también hizo Jesús. A veces persuade con bondad y mansedumbre y otras prefirió hablarles más duro y radical para ver si así abrían los ojos. El racionalismo excesivo, que quiere encasillar todo, podría hacernos caer en el error de pensar que una forma es la correcta y la otra es pecado, que de un modo está bien y del otro mal.


Estos encasillamientos no se pueden hacer ya que la realidad es más compleja que eso, por lo que la voluntad de Dios, como la humana, no es rígida e inflexible, ni siempre la misma para todos. Cada persona, según su capacidad y respuesta tendrá una llamada de Dios, y también puede variar en cada etapa o momento de la vida. Habrá casos en que se requiera hablar de un modo y otras veces será más conveniente de otra forma, según requiera cada uno. No a todos se les puede pedir lo mismo, ni se les puede hablar igual, ni todos tienen las mismas capacidades. Así vemos a Dios adaptarse a los hombres de cada época en el trascurso de los siglos de la revelación.


El mismo San Pablo quiso trabajar un tiempo para sostenerse y en otra etapa consideró mejor dejar todo trabajo para dedicarse por entero a la predicación, como también sucedió con los doce (cf. Hch 6,2-4). En un momento quiso predicar a los judíos en las sinagogas, y en otro se hartó de su dureza y quiso dedicarse a los paganos; en un tiempo iba a misionar con uno, en otro solo o con otros. Esto para decir que no hemos de ser tan simplistas y tomar textos al pie de la letra, pues lo que es oportuno en un momento puede no serlo en otro.

Sin embargo aún hoy considero que hay mucho fundamentalismo, dentro de nuestra Iglesia, queriendo etiquetar todo, juzgando -como sólo Dios puede hacerlo- lo bueno y lo malo, a veces sacando frases bíblicas de contexto, para fundamentar lo que se quiere. Como vemos también en cantidad de sectas de hoy, diciendo cosas tan distintas y todas supuestamente basadas en la misma Biblia, a la que se hace decir lo que se quiere, por ese atrevimiento para interpretar de modo tan superficial como temerario, sin la luz del Espíritu y de la globalidad del mensaje cristiano, y sin la luz de la Tradición de la Iglesia que es básica para poder entender la Palabra.
Ya mencioné por ejemplo que hoy comemos carne de animales estrangulados, prohibida por los apóstoles en el primer concilio de Jerusalén y que poco después se dieron cuenta de que tampoco esto era necesario. Necesitamos la Tradición para no caer en lecturas inadecuadas o literalismos que en vez de acercarnos a la voluntad de Dios nos alejan, por quedar anclados en lo que se dijo en periodos concretos y anteriores o para situaciones determinadas.


Hay que entender, pues, con amplitud de miras, con criterio para distinguir lo contextual y propio de la mentalidad particular de la época, y así extraer el mensaje de Dios de lo que se subraya y enfatiza constantemente. Comprendamos que los apóstoles dialogaban con Dios para discernir su voluntad en cada momento, para cada situación a enfrentar. Del mismo modo habremos de hacer nosotros, sin cometer el error de tomar la Biblia como recetario y pretender trasponer lo que allí se dijo o se hizo al hoy que es totalmente distinto.

¿Crees que has hecho alguna vez una lectura literalista de la Biblia, es decir, quedándote más en la letra que en el espíritu? ¿Cómo se puede evitar este error?

Hay miles de cuestiones de la vida cotidiana de las que no nos habla la Biblia, pues muchas cosas y situaciones de hoy, no existían entonces (anticonceptivos, vehículos, teléfonos…) ¿Cómo discernir la voluntad de Dios hoy para tantas decisiones que hemos de tomar a diario y de las que la Biblia no nos habla directamente? ¿Cómo saber lo que quiere Dios?